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jueves, 21 de enero de 2010

SEXTA LEY HERMÉTICA: LEY DE CAUSA Y EFECTO


“Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo ocurre de acuerdo con la ley. Azar no es más que el nombre que se da a una ley desconocida o que no se entiende bien; hay muchos planos de causación, pero ninguna escapa a la ley.”

Lo que nosotros denominamos casualidad no es otra cosa que desconocimiento de las leyes. No existe la casualidad sino la causalidad. Como suele decirse, toda causa tiene un efecto, todo efecto tiene una causa. Solemos pensar que el Universo o la Causa Primera o Dios o como lo llamemos, es una especie de ente caprichoso que, sin motivo aparente, hace y deshace simplemente porque sí.

Todo lo que hacemos, pensamos y decimos tiene una repercusión en nuestra vida, ya que genera un efecto, una consecuencia que se unirá a la interminable cadena de causas y efectos que se darán a lo largo de nuestra vida. La Ley de la Causa y Efecto es un inmenso boomerang en permanente movimiento.

Esta ley algunas veces resulta un poco difícil de comprender, es un poco indigesto asimilar que aquellas cosas que nos pasan de carácter negativo son consecuencia de acciones o pensamientos del mismo carácter que nosotros tuvimos en un pasado, tal vez remoto o tal vez reciente. Decirle a alguien que tiene, por ejemplo, un grave problema financiero, que está sufriendo el efecto o consecuencia de una causa que él mismo ha creado, es bastante duro. Pero según esta ley, así son las cosas. El resultado final es que el mundo es una interminable telaraña de causas y efectos que se encadenan, pero no de forma caprichosa o aleatoria, todo tiene un orden, una lógica; otra cosa es que no sepamos entenderlo.

La ley abarca lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos, todas estas cosas que emitimos, que al fin y al cabo no son más que energía, generan una reacción o un efecto. Todos hemos oído esa sentencia que dice “el que siembra cosecha”, o aquella otra que dice: “quien siembra vientos recoge tempestades”. Y como siempre se dice respecto a todas las leyes, las humanas y las universales, el desconocimiento de la ley no exime del cumplimiento. El hecho de que desconozcamos esta ley no nos va a librar de sus consecuencias.

Esta ley nos dice que si robas te robarán, si mientes te mentirán, si haces daño te harán daño, si odias te odiarán, si engañas te engañarán y así sucesivamente. Mucha gente se escuda en que: “Total, es una mentira piadosa, que no va a ninguna parte” pues da lo mismo, te mentirán, la ley siempre se cumple. Otros dicen: “Yo no pago lo que debería a hacienda, pero todo el mundo hace lo mismo, y peor es lo que hacen los que tienen mucho dinero, lo que yo tendría que pagar es tan poco que ni se nota” Da igual que sea poco o mucho, estás engañando y serás engañado en la misma medida que tú has engañado. Y el hecho de que los ricos lo hagan es su problema, tus causas y efectos son tuyos, las causas y efectos del rico son de él y son su asunto, no el tuyo.

Este tema es especialmente espinoso y mucha gente se rebela ante él. Nadie quiere estar sometido a una ley tan estricta y siempre pensamos que “eso les pasa a otros”, que lo que nosotros hacemos es un pecadillo menor que no tendrá consecuencias. Es un error tremendo, evidentemente vamos a recibir en la misma medida que demos. A una pequeña causa un pequeño efecto, a una gran causa un gran efecto.

Ahora bien, no vamos a quedarnos solo con lo negativo. Si ayudas, te ayudarán, si amas te amarán, si sonríes te sonreirán, si perdonas te perdonarán, etc. Nadie ha dicho que la Ley de la Causa y Efecto sea solo para las cosas malas, es una ley neutra que no distingue lo que es bueno de lo que es malo, retribuye de forma equitativa según lo que cada cuál merece. Por eso es importante tener dos cosas presentes:



En primer lugar cada uno recibimos las consecuencias de nuestros propios actos, por lo tanto no conviene fijarse en lo que reciben los demás. Todos conocemos al menos a una persona a la que aparentemente todo le sale bien y sabemos que se porta mal con los que tienen alrededor. Cuando esto pasa, mucha gente piensa: “No es justo, la Ley favorece a aquel que hace daño a los demás, es una Ley injusta”. Lo que no sabemos es si esa persona está recibiendo la retribución del bien que hizo en otro momento de su vida, o incluso en una vida anterior. Lo que es claro es que el mal que ahora hace se volverá más tarde en su contra, no se sabe si en esta vida o en una posterior, pero recibirá la justa retribución a esos actos. Así que repito: no te preocupes por como retribuye la Ley a los demás, preocúpate de tus causas y efectos.

En segundo lugar, ya que es una Ley justa y equilibrada, tal vez convendría empezar a crear causas positivas con vistas a efectos posteriores. Cuando hagas un bien y nadie te lo agradezca y creas que ha pasado desapercibido para los demás, puedes tener por seguro que en tu cuenta de debe y haber será escrupulosamente anotado y, a su debido tiempo, recibirás el beneficio que generó. Así que, todo lo positivo que puedas generar tanto con tus actos, como con tus pensamientos y tus palabras, es una inversión que haces, a corto, medio o largo plazo, lo importante es hacer acopio de bien para después recibir bien.

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