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martes, 13 de julio de 2010

(LA NOCHE DE) HALLOWEEN

A finales de los años setenta y principios de los ochenta, hubo un boom de películas de terror dirigidas principalmente a un público adolescente que disfrutaba, más que con el miedo, con el sobresalto. Invariablemente, el protagonista de estas historias es un asesino, víctima de algún terrible trauma infantil y que mata básicamente porque sí. Aunque, según la película, varían las características, en todas existe un factor común y es que el asesino parece imbatible, da igual que se le apuñale, dispare o atropelle… él siempre sobrevive, principalmente para protagonizar las secuelas posteriores. En caso de fallecer, da igual, siempre encontraremos a un hermano, primo o tío dispuesto a tomar el relevo.

Halloween (1.978) es un ejemplo perfecto de este tipo de cine. Los ingredientes son muy simples: adolescentes atontados que hacen justo aquellas cosas que a nadie con un mínimo de sentido común se le ocurriría hacer y que, irremediablemente, mueren uno tras otro víctimas del asesino y de su estupidez a partes iguales; asesino con incansables ansias de matar y que no se amilana ante las dificultades, sólo hay una idea en su cabeza y es asesinar, a este único objetivo van encaminados todos sus esfuerzos; su entusiasmo y dedicación son dignos de encomio, más aún cuando sus futuras víctimas, de forma irresponsable, se dedican con más entusiasmo aún a ofrecer todo tipo de facilidades.
Siempre sobrevive un único adolescente, que es un poco menos descerebrado que el resto de sus amigos y que acaba casi tan traumatizado como el asesino. Además, suele existir un personaje adulto que persigue al asesino y que siempre llega tarde, pero no le importa, él sigue con su persecución y siempre unos pasos por detrás, lo que nos asegura que jamás salvará a ninguno de los adolescentes arriba mencionados. Con estos mínimos ingredientes se han hecho películas verdaderamente interesantes y Halloween es una de ellas.

Tenemos además el aliciente de encontrarnos en esta ocasión con dos actores de bastante peso. El papel de la adolescente un poco menos torpe que el resto y que por eso se salva, lo interpreta una jovencísima Jamie Lee Curtis, que durante muchos años fue considerada como “La Reina del Grito” y viendo esta película comprenderemos por qué. El papel de adulto que persigue y nunca llega a tiempo, corre a cargo nada menos que de Donald Pleasence.

El director es el inefable John Carpenter y, debido a lo ajustado del presupuesto, la película se rodó en tres semanas. Es la noche de Halloween del año 1.963; la acción transcurre en una pequeña localidad norteamericana llamada Haddonfield (Illinois). Michael Myers es un niño que, disfrazado de payaso y con su rostro cubierto por una máscara, mata a su hermana mayor acuchillándola. No existe ningún motivo especial para el crimen, simplemente la mata.

Internado en un sanatorio mental, el psiquiatra que ha estudiado su caso, el Doctor Loomis (Donald Pleasence) está convencido de la peligrosidad del niño, además sabe que el supuesto estado catatónico en el que ha entrado, es simplemente una estrategia para ocultar su verdadera personalidad. Han pasado quince años y las autoridades que tutelan a Michael han decidido su traslado a un centro psiquiátrico de baja seguridad, pese a la oposición del Dr. Loomis. Nadie salvo el psiquiatra considera que un enfermo catatónico pueda constituir un peligro.


Así pues, la víspera de la noche de Halloween del año 1.978 es el día elegido para el traslado de Michael; el Dr. Loomis va al sanatorio con una enfermera para llevar a Michael a su nuevo destino. Pero, bajo una lluvia torrencial, los enfermos vagan a sus anchas. Michael se ha escapado y el Dr. Loomis sabe cuál es su objetivo: Llegar a Haddonfield para terminar lo que empezó quince años atrás.

Laurie (Jamie Lee Curtis) es una adolescente que vive en Haddonfield, la noche de Halloween trabajará como canguro de un niño, Tommy (Brian Andrews), como hace habitualmente. Laurie es una estudiante responsable y reservada. Sus amigas tienen planes más interesantes para esta noche, pero nos saben que Michael ya ha hecho planes por ellas.

Siguiendo el personaje de Laurie, vemos que su ingenuidad asusta casi tanto como Michael Meyers. Siempre me ha llamado la atención en las películas de terror el hecho de que se crean a salvo porque la ventana está cerrada ¿Cuánto cuesta romper el cristal de una ventana? Pero una y otra vez encontramos protagonistas que tienen las horas contadas porque no valoran esos pequeños detalles que hacen la vida mucho más segura y confortable.

Me gusta cuando Tommy, dentro de la ingenuidad de sus años dice, con gran acierto, que no se puede matar al hombre del saco, y no le falta razón, a juzgar por las múltiples secuelas, a cuál más disparatada, que se han hecho de esta película. Mención aparte merece el Dr. Loomis, con sus carreras por todo el pueblo y sus estrategias inútiles para capturar a Michael.
Michael Myers acaba resultando inquietante porque no muere de ninguna de las maneras posibles, no se trata de un fantasma o un ser de ultratumba, es una persona de carne y hueso, sólo que no hay forma de acabar con él. El hecho de que lleve una careta cubriendo su rostro le da un toque más siniestro aún y es que no hay nada más desagradable que no saber a lo que te enfrentas. Su habilidad como asesino psicópata es tal que, él andando, recorre la misma distancia en el mismo tiempo que otros corriendo, es un don que suelen tener los asesinos cinematográficos y que nos demuestran que la relatividad espacio-temporal es angustiosamente cierta, al menos en el cine.

Es una película altamente recomendable para pasar un rato estupendo y muy inspiradora para aquellas personas que trabajen cuidando niños. La música absolutamente genial. Las secuelas son para gente muy fan de Michael Myers. Aquí se puede encontrar toda la serie completa:

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