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miércoles, 28 de julio de 2010

NUEVE DE OROS

Cuando vimos la carta anterior, el Ocho de Oros, aprendimos que el trabajo metódico y continuado acaba, a la larga, dando frutos. La carta de hoy nos enseña algo más, a veces, sin esfuerzo, sin sudor, sin grandes desvelos, la Vida se muestra generosa con nosotros y nos allana caminos, nos facilita oportunidades, nos regala sus dones casi sin que lo hayamos pedido, simplemente DA. Tal vez porque hace mucho hicimos un esfuerzo (puede que en otra vida) y ahora estamos recibiendo la ganancia correspondiente.

Este Arcano es generoso y tremendamente agradable. Recibe el sobrenombre de “El Señor de la Ganancia Material” y así es, puesto que representa el éxito en el terreno material principalmente. La figura femenina que preside la imagen está en un jardín, rodeada de una exuberante planta que, parece ser una vid, desbordando los racimos, no se puede pedir más abundancia, es sin duda, la plenitud de lo que la Madre Tierra nos puede ofrecer.

Al fondo de la imagen, se dibujan unas montañas que se ven lejanas, son lo espiritual que está a gran distancia y que, de momento, no interesa a la mujer de la carta, ella está rodeada de los frutos que ofrece la tierra y no quiere saber nada más, con eso basta; ya llegará el momento de pensar en las montañas y, por lo tanto, lo espiritual. También a lo lejos se adivina una ciudad, está medio escondida, probablemente la mujer proviene de ella, pero ahora su ocupación está en el jardín, no tiene tiempo para más.

Dos árboles se alzan entre ella y las montañas, y es que para llegar a lo espiritual, primero tiene que pasar por la intención de elevarse espiritualmente, el deseo de conocer lo transcendente es el primer paso necesario y obligatorio para acceder a lo transcendente. La mujer, de momento, da la espalda a esa vía espiritual, pero los árboles siguen ahí, esperando que ella algún día se decida, del mismo modo, las montañas seguirán ahí, atentas a aquel momento en el que ella cambie sus prioridades y deje de ignorarlas.

La mujer es la parte pasiva-negativa de la creación, es la receptora, el subconsciente, en esta carta representa la fijación de nuestra parte más receptiva en lo material, rodeada de los pentáculos que hablan de riqueza material, en un jardín próspero y abundante, con unos ricos ropajes y con un halcón en la mano enguantada, es la personificación del ser humano ocupado exclusivamente en lo material. Recordemos en este punto que, en otras épocas, uno de los entretenimientos de las clases nobles y pudientes era la cetrería. Es una alegoría al tiempo de ocio ocupado en diversiones ligeras, en contraposición con el aprovechamiento del tiempo libre para el crecimiento espiritual, cuando lo material ha dejado de ser lo más importante.

Precisamente el halcón es un animal cazador, al que los antiguos egipcios adoraban como la representación del dios Horus; para ellos, la capucha que cubre su cabeza está relacionada con el renacimiento, con la esperanza de que la luz acabe iluminando las tinieblas. En occidente, en cambio, esa capucha representaría más el ocultamiento de los principios espirituales que representa el halcón. El halcón, al estar domesticado y, en cierto modo, cegado, tendría aprisionada la fuerza espiritual en beneficio de la material.

Los pentáculos, pendiendo de la vid, representan esa abundancia material que la mujer goza y que la tiene tan ocupada y entretenida. Podría decirse que los frutos del esfuerzo representado por el Ocho de Oros ahora están siendo plenamente disfrutados por el Nueve de Oros. La mano derecha de la mujer está posada sobre uno de los nueve pentáculos, no ha llegado aún el momento de alejarse de lo material y volverse hacia las montañas. Ya llegará, ahora ella parece decir: “Hoy disfruto de los frutos del trabajo espiritual, mañana puede que mire más allá, de momento, sólo me muevo en el mundo físico”.

Significados generales: Riqueza, estabilidad, buena situación económica. Ganancia material. Éxito en los negocios, inversiones seguras y rentables. Ganancia no trabajada. Ingresos de fuentes imprevistas: herencias no esperadas, loterías, regalos, etc. Adquisición de bienes inmuebles.
Disfrute de lo conseguido. Felicidad conyugal y serenidad en las relaciones. Bonanza en todos los aspectos, especialmente en lo material.
La mina. La abuela.

Invertida: Riesgos excesivos en temas financieros y en todos los ámbitos de la vida. Inversiones en peligro. Demasiado interés en lo material, en detrimento de otros asuntos. Estafa, inversiones falsas, engaños de supuestos amigos. Proyectos que no prosperan.

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