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lunes, 19 de julio de 2010

S.O.S., ESTE ARCANO NO CONTESTA III

Vamos a imaginar que nuestra conexión está limpia y nuestro nivel de Fe es óptimo; pero los Arcanos siguen sin hablarnos. No nos desanimemos, puesto que estos dos factores son los que más van a dificultar el posible diálogo con los Arcanos. Por un lado, es un esfuerzo inútil tratar de forzar un diálogo si no estamos listos para ello. Es exactamente como si intentásemos hablar por teléfono con alguien, pero no marcamos el número de esa persona, ¿cómo vas a hablar por teléfono sin hacer previamente una llamada? Así que sin relajación física y mental, no se puede entrar en contacto con el Arcano.

También hemos visto que si no creemos en lo que estamos haciendo, no podremos obtener ningún resultado. Si tienes serias dudas sobre la existencia de una dimensión espiritual, es muy poco probable que puedas entablar un diálogo con un arquetipo que se desenvuelve en dicha dimensión. Ya sabemos que son dos los problemas serios para contactar. Los demás impedimentos para dialogar con los Arcanos, si bien complicados, pueden ser superables con un tanto de esfuerzo y otro tanto de voluntad.


En nuestro intento de acercamiento a los Arcanos, nos podemos encontrar con una de las emociones más poderosas y que, con demasiada frecuencia, tienen un inmenso poder en nuestro subconsciente: el miedo. Este sentimiento es uno de los más paralizantes que existen y, por desgracia, el más extendido. Tenemos miedo a muchas cosas y nos enfrentamos a él de muchas maneras, una de ellas es la evitación, es decir: “me da miedo tal cosa, así que la rehuyo”. Pero esta estrategia, muy usada, para lo único que sirve es para alejar un poco más el momento inevitable en el que tenemos que encarar aquella situación que nos produce temor.

Veamos ejemplos: un miedo muy frecuente es lo que habita en nuestro propio interior. Hay sentimientos, pensamientos, impulsos, etc. que están enterrados, maquillados, disfrazados, disimulados… pero ahí están, aunque en apariencia no existan, y los Arcanos tienen el efecto de enfrentarnos a nuestros miedos, eso es algo para lo que no siempre estamos preparados. Ya vimos que hay Arcanos que nos producen un rechazo inexplicable y es porque nos confrontan con una parte de nosotros mismos que preferimos obviar.

Pero en esta ocasión debemos ir un paso más allá. Puesto que se trata de que tenemos que enfrentarnos a algo para lo que, de forma subconsciente, no nos sentimos en absoluto preparados, por lo tanto, haremos que el Arcano que representa ese “algo” pendiente, se negará a hablar con nosotros y así ese temor profundo y arraigado, seguirá escondido, puesto que el Arcano “no nos quiere hablar”. Y lo mejor de todo esto es que: ¡La culpa la tendrá el Arcano!

El subconsciente puede ser manipulador y buscar todos los vericuetos que considere oportunos con tal de seguir en una postura cómoda y que él cree segura. Una de sus principales estrategias es descargar nuestras propias culpas en otros; dará cien vueltas a lo que nos suceda para encontrar cualquier culpable en el exterior, lo importante es que nosotros jamás tengamos la culpa de lo que nuestros problemas, siempre hay alguien en quien pueda recaer el origen de nuestra desdicha. Una postura muy cómoda, muy frecuente y muy poco práctica, puesto que lo único que hace es dar una prórroga, pero no resuelve el problema, por el contrario, lo prolonga de forma indefinida.

Vamos a pensar en esa carta de los Enamorados que nos dice abiertamente que tenemos que tomar una decisión ante una encrucijada que la vida nos presenta. El miedo que nos produce tomar esa decisión sin posponerla un día más, hace que no podamos conectar con el Arcano, no porque sintamos rechazo hacia él, sino porque proyectamos nuestro miedo a su iconografía, de tal manera que descargamos nuestros temores en una carta y así, si la carta no me habla, no escucho su mensaje. Es decir, si el Arcano de los Enamorados no me habla, no me dirá que tengo que tomar una decisión, entonces yo me sentiré tremendamente feliz por esta infantil estrategia y si tengo que echar la culpa a alguien será al Arcano y no a mí.

Lógicamente, no es el Arcano de los Enamorados el que bloquea la comunicación sino yo, pero culpando a una carta yo me quedo tan contenta y relajada, puesto que he hecho todo lo posible por hablar con ella y captar su mensaje pero ella se ha negado a hablar conmigo. El origen de todo esto es el miedo a enfrentarnos con nuestra propia realidad y, si no somos conscientes de esta especie de autosabotaje al que nos sometemos, la observación nos hará darnos cuenta de lo que está pasando.

Cuando se trabaja en meditación con los Arcanos tenemos días mejores y días peores. En ciertas ocasiones la inspiración surge de forma rápida y espontánea, pero otras veces por más que lo intentamos no conseguimos ningún resultado. Estos altibajos son características propias del ser humano y no son en ningún modo preocupantes.

Las alarmas deben empezar a sonar cuando tenemos un bloqueo sistemático con un Arcano en concreto; cuando, nunca logramos sintonizar con él y, en cambio, con los otros Arcanos no tenemos grandes problemas. Cuando, pese a nuestra insistencia, no logramos establecer una relación mínimamente inteligible con él. Ese bache en la relación con un Arcano, quiere decir que existe un bloqueo con las fuerzas que encarnan los símbolos de dicha carta y tenemos que ponernos en acción para ver que nos está sucediendo.

No es inteligente ni práctico empeñarnos en forzar una relación con una carta que parece resistirse; es más inteligente autoanalizarse y tratar de llegar al fondo del problema. Los ejercicios más útiles, a mi entender, para detectar los bloqueos por miedo ante un Arcano, son los de tipo pasivo, como por ejemplo Visitar los Arcanos como Espectadores. Es importante hacer un acercamiento al Arcano de una forma más lejana e impersonal, puesto que es evidente que aún no nos sentimos preparados para enfrentarnos a sus enseñanzas.

También puede resultar útil, si ya hemos establecido diálogo con otros Arcanos, pedir ayuda a aquel que nos inspira mayor confianza, con el que sentimos una afinidad especial. Sería algo así como acudir a un intermediario que nos hace sentir seguros y cómodos, un tercero que medie en ese conflicto personal que tenemos con las fuerzas que anidan en el Arcano que nos incomoda y que nos da la espalda. Nunca es buena idea forzar las cosas en el Tarot, pero tampoco lo es no hacer nada cuando hemos detectado algún conflicto. El diálogo con nuestras cartas debería ser fluido y natural, si no lo es, estamos ante una clara señal de problema a resolver. Así que se nos presentan dos trabajos a realizar de forma consecutiva y por el siguiente orden:

1 Detectar el problema
2 Tratar de solucionarlo

En sucesivas entregas iré analizando otros impedimentos para tener una relación con los Arcanos. Somos muy complicados y nuestra tendencia natural es complicarnos la existencia más aún. A medida que vayamos haciendo ejercicios de esta naturaleza, podemos empezar a descomplicarnos, todo depende de lo sinceros que seamos con nosotros mismos y de la fuerza de voluntad y empeño que pongamos en la tarea. Los Arcanos nos avisan, pero hemos de ser nosotros los que hagamos el trabajo. Al fin y al cabo, se trata de nuestra vida y de nuestra propia evolución.

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