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viernes, 20 de agosto de 2010

LA ¿MUERTE? DEL DELFÍN LUIS CARLOS

A principios del año 1.793, el rey Luis XVI murió en la guillotina, pocos meses después, su esposa María Antonieta correría la misma suerte. La revolución francesa estaba en pleno apogeo y la familia real había sido encarcelada y, en parte, ajusticiada. Durante un tiempo, mientras se tomaba una decisión sobre su futuro, el heredero al trono (delfín) Luis Carlos permaneció encerrado en la torre del Temple. Tenía tan sólo diez años de edad cuando, un año y medio después de su prisión, se anunció su fallecimiento.

Al menos cinco personas atestiguaron que se trataba del Delfín, una vez visto el cadáver, curiosamente ninguna de ellas había conocido al niño en vida; así que realmente su testimonio carecía de validez, simplemente habían visto un cadáver. En la prisión se encontraba su hermana, pero no se permitió que viera el cuerpo del supuesto Delfín. Su corazón fue extirpado y tuvo varios propietarios; actualmente se encuentra en la Basílica de Saint-Denis.



El funeral llamó la atención, el féretro utilizado para tal fin era demasiado grande para un niño. Este detalle hizo que algunas personas comenzaran a preguntarse si realmente esa caja albergaba el cuerpo de Luis Carlos. Las contradicciones se sucedieron; a principios de 1.794, el matrimonio que custodiaba al niño renunció a su cargo. Según afirmaron, dejaron a un niño de nueve años sano y con un desarrollo físico y mental totalmente acorde a su edad.

Sin embargo, unos pocos meses después, el general Paul Barras fue a visitar a Luis Carlos y se encontró con un adolescente enclenque y con un aspecto enfermizo. El general fue a pedir explicaciones al carcelero sobre ese deterioro en la salud del niño y, sobre todo, el increíble salto de edad que se había producido en él. El carcelero confirmó sus sospechas: el muchacho era un impostor.

El general Barras organizó la búsqueda del Delfín por todo el país. Alarmados por lo que sucedía, algunos altos funcionarios del gobierno visitaron la prisión corroborando la impresión de Barras, no era un niño sano, era un adolescente enfermizo. La búsqueda se intensificó, sin grandes resultados.

Hasta que un destacado banquero de apellido Petitival cometió un error de cálculo, que le costó caro. No se le ocurrió otra cosa que denunciar como falso el certificado de defunción del Delfín Luis Carlos. No transcurrió ni un año de este suceso, cuando toda la familia Petitival fue asesinada. El general Barras informó al gobierno del caso anunciando la muerte de toda la familia “excepto el niño que ustedes saben” literalmente.

¿Qué significa esta frase? Lo que muchos sugieren es que la búsqueda del niño ordenada por el general Barras sí había sido un éxito y que se había descubierto que uno de los hijos del banquero no era otro que el Delfín Luis Carlos. Pero la frase “excepto el niño que ustedes saben”, indica claramente que, si este niño era en realidad quien todos pensamos, se había salvado de la masacre familiar. ¿Qué había pasado con él entonces? ¿Dónde estaba?

Aproximadamente en 1.814, la mujer que tuvo bajo su custodia a Luis Carlos en sus primeros tiempos de encarcelamiento, reconoció que ella y su marido habían cambiado al niño por otro y por eso habían renunciado al cargo, para sacar a Luis Carlos de la torre del Temple sin problemas. Si esto es así, hay que reconocer en ellos muy buena voluntad, pero una pésima estrategia, puesto que si hubieran dado el cambiazo por un niño de unas características más similares, el asunto no habría creado tanta polémica. ¿Se puede realmente ser tan torpe?

Cuando se restableció la monarquía Borbónica, tras la caída de Napoleón, en 1.815, se produjo un aluvión de supuestos Delfines reclamando sus derechos dinásticos. De la casi treintena de supuestos herederos que afirmaban ser Luis Carlos, ni uno sólo pudo presentar alguna prueba medianamente convincente. No fue hasta el año 1.836 cuando apareció un personaje con ciertos visos de verisimilitud.
Se trataba de Carlos Guillermo Naundorff. Sus recuerdos eran muy certeros, era capaz de relatar hechos de la vida del Delfín con fechas y sobre todo datos que sólo podía conocer alguien que hubiera estado presente cuando se produjeron, siempre teniendo en cuenta la corta edad que tenía cuando desapareció.

Muchas personas cercanas a la familia real y que habían conocido a Luis Carlos, reconocieron en Naundorff al Delfín. Desde su niñera a algunos miembros del gabinete de Luis XVI. Sólo hubo un personaje, cuyo testimonio era vital, que se negó a confirmar la identidad del reclamante, y no fue otra que su propia hermana, María Teresa. Los partidarios de Naundorff argumentaron que ella apoyaba totalmente a su tío Carlos como rey legítimo y, por lo tanto, su opinión era parcial e interesada. En cualquier caso este testimonio en contra fue decisivo y la demanda de Naundorff se desestimó.

A pesar de que Naundorff presentó su demanda en los tribunales civiles, no solo no pudo llevarla a trámite, sino que fue detenido y expulsado de Francia. Se trasladó a Londres, donde sufrió un atentado. Posteriormente se instaló en Holanda, muriendo nueve años después. Curiosamente su certificado de defunción se expidió a nombre de: “Luis Carlos de Borbón, 60 años, hijo de Luis XVI y María Antonieta”. ¿Un reconocimiento tardío? No se sabe. Hoy en día, todavía hay descendientes de Naundorff que siguen reclamando sus derechos.

Cabe destacar que algunos historiadores han querido ver en Pierre Benoit, un arquitecto e ingeniero de origen francés, pero que desarrolló toda su carrera profesional en Argentina, al Delfín. Anecdóticamente, no consta que oficialmente Benoit reclamase ser Luis Carlos, pero si que parece ser que se presentaba en los círculos de la alta sociedad como miembro de la familia Borbón.

En el año 1.846 se exhumó el cadáver que supuestamente pertenecía al Delfín, los dos médicos que lo examinaron declararon que se trataba de un varón de quince o dieciséis años. Más tarde, se volvieron a examinar los restos, concretamente en 1.894, la conclusión fue la misma, un adolescente en torno a los dieciséis años, si bien la identidad no pudo determinarse, lo que era un hecho totalmente cierto es que no podía tratarse de Luis Carlos.

Como ocurre con tantos misterios que se han dado a lo largo de la historia, este es muy probable que jamás se aclare del todo, o al menos de forma satisfactoria. Existe la posibilidad de que realmente el matrimonio de carceleros sacase a Luis Carlos de la prisión. También se dijo en su momento que el propio general Barras lo había sacado de prisión y, una vez muerto el suplantador, lo habría sacado del país, primero rumbo a Italia y después a Alemania, donde habría tomado el nombre de Naundorff. Quizás el tiempo que estuvo en Francia, lo pasó con la familia del banquero y, una vez se decidió su marcha del país, se mató a toda la familia para que no quedara ningún testigo de este hecho.

Por supuesto, también podría ser que ninguna especulación fuese cierta y realmente fuera Luis Carlos quien murió en la torre del Temple. Por último, queda también otra posibilidad más, y es que realmente Luis Carlos hubiese vivido como un hombre normal y común. Tal vez pensara que no merecía la pena darse a conocer en una época tan convulsa y optó por perderse para siempre en el anonimato.


Hay un enigma al que pocos estudiosos del caso dan importancia, y es la identidad del pobre muchacho que, teóricamente, suplantó al Delfín. ¿Sería quizás un joven enfermo y sin una familia que pudiera reclamarle? Nadie lo sabe y nadie lo ha investigado; todos se preocupan por la suerte del Delfín que, si creemos en la teoría de la suplantación, es casi seguro que no murió, pero muy pocos se acuerdan de la del pobre muchacho que, siguiendo con la teoría suplantatoria, sí se sabe seguro que murió. Tuvo su papel en esta historia, pero fue enterrado sin tan siquiera un nombre.

Según he sabido, se hicieron hace pocos años, las pruebas de ADN del corazón que dicen es del Delfín; los resultados son interesantes, pues parece ser que las muestras tomadas coincidirían con las que se habían tomado de un mechón de cabello que se guarda de María Antonieta en un museo holandés. Las pruebas al parecer son de ADN mitocondrial, que es el que se transmite inalterado, por la línea femenina, es decir de madre a hijo. Las pruebas fueron positivas, lo que nos aseguraría que efectivamente ese corazón pertenecería a un hijo de María Antonieta.

Tras esto, muchos aseguran que el corazón es del Delfín. ¿Es eso cierto? Ese corazón que tanto ha viajado, apareciendo y desapareciendo cada cierto tiempo, ¿es el que presuntamente se extrajo del supuesto cadáver del Delfín?. Si creemos los testimonios que afirman que el cuerpo muerto que se presentó como el del Delfín, era de un muchacho que tenía unos cuantos años más de los que debía tener Luis Carlos, se abriría una interesante hipótesis para conocer la identidad de nuestro amigo desconocido: que fuese un miembro de la familia real aunque no Luis Carlos, por ejemplo, una interesante forma de deshacerse de un hijo ilegítimo molesto ¿no?

Un dato más para la reflexión: Luis Carlos era en realidad el segundo hijo varón de Luix XVI, por tanto segundo en el orden sucesorio. Su hermana mayor era María Teresa y después aparecía Luis José, el heredero, que murió con tan solo ocho años, en 1.789 víctima de la tuberculosis. Sobre él siempre corrieron rumores con respecto a su legitimidad. A ver si las personas imaginativas han pensado lo mismo que he pensado yo…

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