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lunes, 23 de mayo de 2011

EL MANUSCRITO VOYNICH

Hoja de la sección de Herboristería
El manuscrito Voynich es un misterio fascinante. No se sabe quién es su autor, tampoco cuál es su contenido. Desde hace siglos, este enigmático libro ha intrigado a numerosos estudiosos. Hipótesis sobre su origen y contenido hay muchas, pero son sólo teorías, ninguna certeza. Hagamos un poco de memoria. Un químico y farmacéutico de origen lituano, Wilfryd Michal Habdank-Wojnicz, que era conocido como Voynich, sentía un inmenso interés por los manuscritos y libros antiguos, de casi cualquier tipo.

Tan grande era su afición, que estableció en Londres una librería en la que se vendían e intercambiaban libros antiguos, algunos muy difíciles de encontrar. En un viaje a Italia, en el año 1.912, encontró en la biblioteca del Colegio de Villa Mondragone en Frascati, un libro singular. Se trataba de un volumen de un tamaño más bien pequeño, unos 15 x 20 cm, aproximadamente. Sus hojas eran pergamino, posiblemente de cuero de cordero y estaban escritas a mano. Diversos grabados bellamente dibujados adornaban todo el volumen.

Las ilustraciones eran plantas, figuras humanas,… pero lo verdaderamente interesante era el escrito en sí, puesto que era imposible entender una sola palabra, no se trataba de un idioma conocido. Tampoco figuraba en ninguna hoja del libro el nombre del autor o la fecha en la que fue escrito. Para aumentar más aún la intriga, entre las páginas del libro, apareció una carta fechada nada más y nada menos que en el año 1.666. Afortunadamente la carta si estaba escrita en un idioma legible: latín.

El remitente de la misiva era Johannes Marci de Cronland, rector de la Universidad de Praga en aquella época, y estaba dirigida a un personaje ya conocido por todos los lectores del blog: Athanasius Kircher. El contenido era la solicitud que hacía Marci a Kircher para que estudiase el manuscrito con el fin de descifrar su contenido. Llegados a este punto he de recordar que Kircher era un lingüista reputado, una auténtica eminencia en ese campo.

Se sabe que un propietario anterior a Marci del Manuscrito Voynich, Georg Baresch alquimista de la corte del emperador Rodolfo II, ya había solicitado uno años atrás a Kircher la traducción del escrito, puesto que estaba convencido de que se debía tratar de algún tipo de jeroglífico. Pero Kircher hizo oídos sordos a la petición, algo así debió pasar años después con Marci, y es que probablemente, Kircher se vio incapaz de desentrañar el contenido del libro y reconocer ese fracaso habría sido un duro golpe. Por supuesto, esta última apreciación es algo que a mí se me ocurre.

Pero volvamos al libro. Consta de unas 200 páginas, probablemente eran más, pero hay saltos en la numeración, por lo que es muy probable que algunas páginas se hayan perdido. Los estudiosos aseguran que se puede dividir en cinco temáticas diferenciadas. Una sería la de Herboristería, que es la principal puesto que ocupa prácticamente la mitad del contenido del manuscrito, está profusamente ilustrada y se piensa que el texto que acompaña a los dibujos es la explicación de cada planta. Como dato absolutamente curioso, se puede decir que muchos biólogos que han intentado identificar las plantas que aparecen dibujadas han llegado a la conclusión de que se trata de plantas que no existen en la actualidad o al menos no son conocidas y no están catalogadas. ¿Son pura invención?.
Hoja de la parte de Biología

Otra parte sería la dedicada, supuestamente, a la Astronomía, o más bien habría que decir Astrología, puesto que los dibujos parecen constelaciones astrológicas que en algunas ocasiones, aparecen en una hoja despegable. La siguiente parte sería la Biológica, plagada de dibujos de mujeres desnudas bañándose en pilas que parecen interconectadas por redes de tuberías, la semejanza de algunos de estos diseños con los órganos humanos, han hecho pensar que se podría tratar de la reproducción de varios sistemas del cuerpo humano: circulatorio, digestivo, etc.

La siguiente parte sería la Farmacéutica, en la que siguen reproduciéndose grabados de plantas pero con jarras y utensilios propios de la farmacología. Por último estaría una parte sumamente interesante que han denominado de Recetas y en la que se ha creído ver una especie de recetario en el que se explicarían los pasos necesarios para la elaboración de algo, tal vez preparados químicos, tal vez alquímicos.

La historia de este escrito no carece de lagunas. Las pruebas de datación a las que ha sido sometido, parecen indicar que se trata de un manuscrito creado aproximadamente en el siglo XV. El primer propietario conocido del libro es el emperador Rodolfo II de Habsburgo (1.552 – 1.612), que era un entusiasta coleccionista de manuscritos y libros de carácter esotérico. Lo que se desconoce es cómo consiguió esta obra en concreto. Tampoco se sabe con exactitud cómo pasó a ser posesión de George Baresch, sólo sabemos que fue suyo durante un tiempo por las cartas que envió a Kircher. Después pasó a manos de Marci, quien también se puso en contacto con Kircher para su traducción y, al parecer, que el mismo éxito que Baresch, es decir, ninguno.

La pista del libro se pierde durante más de 200 años, aunque hay quien dice que Kircher si llegó a tenerlo en algún momento, no hay pruebas documentales de tal hecho. Lo único cierto es que Voynich lo encontró en el Colegio de los jesuitas de Villa Mondragone en Frascatil, lo adquirió y conservó hasta su muerte en 1.961. Su viuda optó por vendérselo a un experto coleccionista norteamericano, H.P. Kraus que a su vez lo donó a la Universidad de Yale, ocho años después, harto de sus fracasos en el intento de descifrar su contenido y al verse incapaz de hallar un comprador.

Desde que adquirió el manuscrito, Voynich se entregó con entusiasmo a su estudio, para tratar de desencriptar el texto y determinar la autoría. Pero no consiguió ni una cosa ni la otra. Tras su muerte otros lo han intentado pero, al parecer con poca fortuna.
Hoja de la parte de Astronomía

En un primer momento, se creyó que el autor era Roger Bacon, el famoso fraile ocultista que vivió en el siglo XIII, en Inglaterra. El nombre de Bacon aparecía en la carta que Johannes Marci escribió a Kircher, como el autor del libro ya que el emperador Rodolfo II estaba convencido de ello. Pero esta teoría se vendría abajo en el momento en el que el manuscrito fue fechado en el siglo XV según los expertos que utilizaron, entre otras cosas, la prueba del carbono 14 para establecer la datación aproximada.

Voynich siempre estuvo convencido de la autoría de Bacon. Pero la lista de nombres de posibles autores no acaba con él, también se baraja el del conocido astrólogo inglés John Dee, del que se sabe que poseía gran parte de la biblioteca de Roger Bacon y se dice que fue él quien vendió a Rodolfo II el manuscrito. Se ha dicho incluso que el mismísimo Voynich podría haber intentado estafar a algún coleccionista inventándose un libro que haría pasar como obra de un ocultista de fama mundial como sería Bacon o el propio Dee. Se ha apuntado al propio Marci. Otros dicen que tal vez fue un grupo de sabios iluminados que escribieron de forma codificada un libro que contendría conocimientos milenarios.

Quizás sería más fácil determinar la autoría del manuscrito si se lograra descifrar su contenido. ¿Es un compendio enciclopédico de saberes ocultos? ¿Es simplemente una gran broma? Voynich intentó por todos medios descifrar su contenido. Con toda la paciencia del mundo fotografió página por página (pensemos cómo era la fotografía a principios del siglo XX) el libro y envió copias a algunos de los más punteros lingüistas de la época. Los resultados fueron nulos.

 
Muestra del misterioso lenguaje empleado

En 1.921 un profesor de la Universidad de Pennsylvania llamado Newbold, creyó ver caracteres griegos en el texto. Tras él, varios criptógrafos intentaron, sin éxito, hallar alguna clave que pudiera ayudar a comprender el contenido del manuscrito. Unos pretendían conseguirlo por la sustitución, es decir, dar a cada carácter del texto una letra del alfabeto latino; otros lo intentaron que lenguas eslavas. Hubo quien dijo que era un idioma que provenía de los cátaros o los esenios, también se dijo que quizás era un idioma completamente inventado, como el élfico de Tolkein.

En los últimos tiempos se sigue trabajando para desentrañar los misterios del manuscrito, con ayuda de potentes ordenadores. En otra ocasión hablaré de las curiosas teorías de Gordon Rugg y sobre todo de la profesora Edith Sherwood, que está convencida de haber encontrado el nombre del autor: ¡Leonardo da Vinci! Pero eso, será otro día.

Si hay algún valiente que se atreva a intentar descifrar el Manuscrito Voynich, puede encontrarlo escaneado en esta página. Al descargarlo piden un código, hay que escribir esto: http://isohunters.co.nr

http://www.usaupload.net/d/qc12604m37h

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