miércoles, 15 de junio de 2011

RENÉ GUÉNON

Nuestro personaje de hoy nació el 15 de noviembre de 1.886 en Blois (Francia). Su padre era un arquitecto, Jean Baptiste Guénon. Su madre, Amme-Leóntine Jolley, pertenecía a la alta burguesía francesa. El ambiente en el que se crió René fue el de una familia acomodada, de religión católica y muy tradicional. Desde niño tuvo una salud delicada, algo que sin duda marcaría su forma de ser y acentuaría su carácter reflexivo y reservado, a la vez que inquieto intelectualmente.

Su padre decidió que estudiaría Matemáticas en Paris, así que ingresó en la universidad en el año 1.904. Pero sus inquietudes sobre el mundo espiritual se vieron favorecidas al hallarse en una gran ciudad, así que no tardó en entrar en contacto con la Escuela Hermética de Papus, a la que perteneció durante poco tiempo, ya que no satisfacía sus expectativas. Esta será una constante en la vida de Guénon, la búsqueda incesante de la verdad que le hacía ir de un lado, siempre queriendo conocer, saber más.



En 1.909 conoció a Fabres des Essarts, director de la llamada Iglesia Gnóstica, quien le convenció para que expresase por escrito sus inquietudes espirituales. Nació de este modo la revista “La Gnosis”, en la que durante años dio rienda suelta a toda su fascinación por las tradiciones espirituales, especialmente aquellas de procedencia oriental. En sus comienzos como escritor, firmaba sus artículos con un pseudónimo: Palingenius.

El hecho de dirigir una revista de carácter esotérico, le abrió las puertas de muchas sociedades ocultistas y también le ofreció la oportunidad de conocer a interesantes personajes dentro de ese mundo tan especial. No tardó en iniciarse en la Masonería a través de la Gran Logia de Francia. Como dice Mariano J. Vázquez Alonso en su libro “Maestros espirituales del siglo XX” (editorial Robin Book): Para él tanto la Masonería como la Iglesia Católica eran las depositarias en occidente de las auténticas enseñanzas iniciáticas.

Pero oriente ejercía en él una fascinación aún mayor y el encuentro sin duda más decisivo de su vida, al menos en el ámbito espiritual, fue el del pintor John Gustave, puesto que él fue quien le introdujo en el Islam y en el esoterismo islámico y quien le dio a conocer la figura del maestro sufí Ibn-Arâbi. El estudio de esta tradición y de la vida del maestro sufí del siglo XII, le llevó a tomar una decisión trascendental para su vida y fue, en 1.912, la conversión al Islam, adoptando el nombre de Abdel Wahed-Yahia, poco después contrajo matrimonio con Berthe Loury, una joven de Bloise.

Los años siguientes fueron muy complicados; había estallado la Primera Guerra Mundial y Guénon no se había incorporado a filas por sus problemas físicos. Así que se trasladó con su esposa a la isla de Saint-Louis. Durante un tiempo, Guénon intentó ejercer la docencia, primero en Sétif (Argelia) y un año después en su ciudad natal Blois. Pero era un trabajo que no le satisfacía por completo, así que volvió a París, para retomar sus escritos e investigaciones ocultistas.

Su interés por las religiones y tradiciones esotéricas no se reducía a las derivadas del islamismo, por el contrario, su campo de estudios era muy amplio, se interesaba por ejemplo por el budismo, y especialmente por el hinduismo… de hecho, su primer libro publicado en 1.921 fue: “Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes”.

También Guénon estaba muy al tanto de las corrientes esotéricas que circulaban por el mundo occidental, y desarrolló sus fobias particulares, especialmente centradas en la Teosofía de Blavatsky y el espiritismo de Allan Kardec, a los que criticó en sus libros: “El Teosofismo, historia de una pseudorreligión” y “El error Espiritista” respectivamente.

Hasta la muerte de Berthe, en el año 1.928, Guénon combinó las colaboraciones en varias revistas con la publicación de diversos libros, algunos francamente polémicos, como fue el caso de “Oriente y Occidente”, en el que en la contraposición de ambas formas de entender el mundo, salía el último bastante mal parado. Y es que Guénon consideraba que la civilización occidental era decadente y estaba convencido de que su salvación solo podría producirse si aprendía de la tradición oriental. Estas ideas se basaban exclusivamente en supuestos metafísicos, no en consideraciones políticas o económicas.

Pero no fue bien entendido y despertó muchas antipatías en la sociedad de su época por ser considerado como un catastrofista retrógrado que se oponía a los adelantos de la civilización occidental. Claro que también tuvo defensores. Contó, por ejemplo, con la amistad de Leon Daudet que sí supo entender la filosofía existencial de Guénon y en alguna ocasión no dudó en salir en su defensa en forma escrita.

La muerte de la esposa de Guénon supuso un punto de inflexión en su vida. Una vez muerta Berthe ya nada le retenía en Europa y el sueño largamente acariciado de establecer su vivienda definitivamente el Egipto, vio la luz el año 1.930. Una vez instalado en el Cairo, no tardó en casarse con Fatma, la hija del jeque Mohanned Ibrahim, con la que tuvo cuatro hijos.

En el Cairo siguió escribiendo y publicando. Vivió de lejos la Segunda Guerra Mundial y por aquel entonces escribió una de sus obras fundamentales: “El reino de la cantidad y los signos de los tiempos” en la que analiza el mundo occidental desde la perspectiva del hinduismo, situándolo en ese ciclo oscuro llamado Kali-Yuga. Una idea que no era nueva en él y anteriormente ya había defendido.

Siguió escribiendo hasta que falleció el 7 de enero de 1.951.

No me resisto a reproducir un párrafo perteneciente a su obra “La crisis del mundo moderno” (1.927) en la que hace una descripción de la manipulación de la mentalidad de la población por parte de la clase dirigente, al introducir ideas o formas de pensamiento que les son convenientes para sus propios intereses, que tiene una vigencia sorprendente a día de hoy:
“Es muy difícil determinar exactamente el grado de sinceridad de aquellos que se hacen los propagadores de semejantes ideas, saber en qué medida algunos hombres llegan a enamorarse de sus propias mentiras y a sugestionarse ellos mismos al sugestionar a los demás; e incluso, en una propaganda de este género, aquellos que desempeñan un papel de engañados son frecuentemente los mejores instrumentos, porque le aportan una convicción que a los otros les habría dado algún trabajo simular, y que es fácilmente contagiosa; pero, detrás de todo eso, y al menos en el origen, es menester una acción mucho más consciente, una dirección que no puede venir más que de hombres que saben perfectamente a lo que atenerse sobre las ideas que lanzan así a la circulación.

Hemos hablado de «ideas», pero es solo muy impropiamente como esta palabra puede aplicarse aquí, ya que es muy evidente que no se trata de ninguna manera de ideas puras, y ni siquiera de algo que pertenece de cerca o de lejos al orden intelectual; son, si se quiere, ideas falsas, pero sería mejor llamarlas «pseudoideas», destinadas principalmente a provocar reacciones sentimentales, lo que es en efecto el medio más eficaz y el más cómodo para actuar sobre las masas”.

Dejo dos enlaces para conocer la obra de Guénon, especialmente el primero es muy interesante porque incluye además artículos y escritos de otros autores sobre él.



4 comentarios:

  1. Sería bueno que citaras lo que Guénon ha dicho sobre el tarot. Aunque no sea una publicidad favorable para este blog.

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    1. Hola, Anónimo

      Si me lo permites, me gustaría explicarte la función de esta sección de Fuentes y Biografías. Su propósito es dar a conocer escritos y personajes que han influido notablemente en el Ocultismo, en algunos casos se trata de personas que están ligadas a la historia del Tarot, pero en otros poco o nada tienen que ver con él, como por ejemplo es el caso de Ramon Llull o Comenius.
      Aquí hay sitio para todos, no necesariamente tienen que pensar como pienso yo, ni creer en lo que yo creo, lo que realmente me interesa es lo que aportaron al estudio y divulgación del Ocultismo y, en el caso concreto de René Guénon, es innegable la importancia que ha tenido en la historia contemporánea del Ocultismo, no me importa si tenía un buen concepto o no del Tarot, me importa su obra y su legado intelectual y con esa idea he publicado esta breve reseña sobre él.
      Por cierto, sería un honor para mí que René Guénon hiciera publicidad de este blog, aunque fuese “desfavorable”

      Recibe un saludo y gracias por aportar tu comentario

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  2. Lo sustantivo respecto a Guenon y el Tarot, es el reconocimiento expreso de su origen y desarrollo tradicional, en nuestros tiempos expreado en forma de residuos tradicionales, lo que mantiene abierta la puerta para quien lo entienda, de recomponerlo.

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    1. Hola, Anónimo

      Yo pienso que esa es la clave: recomponerlo. Creo que el Tarot contiene información que por medio del trabajo se puede extraer, pero hay que esforzarse, no sentarse a esperar a que alguien nos de hecho el trabajo.

      Saludos y gracias por tu interesante comentario

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