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viernes, 22 de julio de 2011

LA MARCA DEL LOBO

Esta película cuyo título original es “Blood & chocolate”, es la versión cinematográfica de una novela juvenil, del mismo nombre, de la escritora Annette Curtis Klause. Está pensada más bien para un público adolescente. Nos vamos a encontrar con una historia de amor entre un ser legendario: hombre-lobo, o mejor dicho, mujer-lobo y un ser humano. Cuando me planteé verla, después de leer su argumento, pensé “¡Oh no! Otro Crepúsculo” Pero tengo que reconocer que me resultó bastante más entretenida e incluso mantuve el tipo y no eché un sueñecito mientras la veía como sí me pasó viendo la anteriormente nombrada Crepúsculo.




Es de noche, en una cabaña perdida en un bosque en Colorado, vemos a unos niños que juegan felizmente en la nieve. De pronto llega un grupo de hombres que irrumpen de forma violenta en la casa y matan a toda la familia, salvo a una de las niñas que logra huir de ellos, perdiéndose entre los árboles. Años después, encontramos a esa niña ya adulta, Vivian (Agnes Bruckner) viviendo en Bucarest con su tía Astrid (Katja Riermann), trabajando en una bombonería y relacionándose con seres como ella… licántropos que viven perfectamente integrados en la sociedad, aunque tienen sus propias reglas.

O tal vez sería más correcto decir que se rigen por las reglas que impone Gabriel (Olivier Martínez), el líder del grupo. Por ejemplo, solo pueden cazar en manada cuando hay luna llena y su presa suele ser una persona que ha sido señalada por su especial forma de impartir justicia. Vivian conoce en una iglesia a un artista gráfico estadounidense, Aiden (Hugh Dancy) que está buscando inspiración para su nueva obra. A raíz de ese encuentro, Vivian empieza a cuestionarse su forma de vida. Además, según las leyes de los hombres-lobo, el líder de la manada, es decir, Gabriel, cada 7 años puede elegir a una nueva compañera, la última fue Astrid, pero ahora se acerca el momento de elegir una nueva y ha decidido que será Vivian, algo que a la joven no le hace precisamente feliz.


Estamos en verano, así que apetece ver películas simples y refrescantes, como esta. Nada de complicaciones, es un producto agradable de ver, entretenido, de usar y tirar, probablemente al mes de verla, no se recuerda ni la mitad del argumento. La idea no es una gran aportación al género de hombres-lobo; aunque si me resulta curiosa la forma que tienen los licántropos de organizarse para sobrevivir en un mundo que está lleno de depredadores, como ellos, pero de otro estilo. Aquí no hay licántropos que cazan y matan porque no lo pueden evitar, sino que han conseguido controlar sus instintos de una manera increíble. Solamente matan a aquellos que han hallado culpables de algún crimen o falta grave. Son una especie de Robin Hood y sus alegres compañeros en versión pilosa.

La protagonista me resulta un tanto antipática, recuerda a esas heroínas románticas que sufren constantemente, tal vez me hubiera puesto definitivamente de su lado si sonriera un poco más. Ahora bien, me hipnotizaron sus constantes carreras con ese peculiar saltito en la pared, que aconsejo no emular a no ser que, una de dos, o se esté en perfecta forma física o se sea licántropo. Si no se cumple al menos uno de estos requisitos, mejor abstenerse.

Precisamente me gusta una de las cosas que más se ha criticado y es la forma que tienen de convertirse en lobos, nada de transformaciones lentas en las que los huesos se van alargando y marcando, mientras el cuerpo se va volviendo más y más peludo; en esta película el cambio es rápido y luminoso, parece casi cosa de Disnney. En esta era de ordenadores en las que el proceso de transformación del licántropo se detalla de forma minuciosa, en “La marca del lobo” se lo saltan alegremente y lo resuelven con un fogonazo y poco más.


En esta clase de películas pensadas para público adolescente, es inevitable encontrar el consabido triángulo amoroso, aunque en esta ocasión se trata más bien de un amago de triángulo, puesto que no se recrea en este aspecto de la relación como en la inmensa mayoría de películas de este estilo; simplemente se insinúa. En cualquier caso, estando de por medio Olivier Martínez, plantearse con cuál de los dos quedarse es casi ofensivo ¿no? Aunque la protagonista tiene las ideas muy claras desde el principio.

Tal vez se abusa de la estética videoclip y de las poses, pero esta, como muchas otras películas, constituyen un nuevo género, y en él encontraremos, lógicamente, los clichés propios del mismo: terror edulcorado con pareja romántica enfrentados a un mundo que no les comprende, pero reconozco que resulta agradable de ver. Así que, si no tenéis nada mejor que hacer, podéis desparramaros cómodamente en el sofá y disfrutar de este encantador homenaje a la nada más absoluta. ¡Que la disfrutéis!


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