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miércoles, 31 de agosto de 2011

CIUDADANO X

Ayer en la sección de El Baúl recordaba la historia de uno de los más terribles asesinos en serie del siglo pasado: Chikatilo, el carnicero de Rostov. En 1.994 se estrenó un telefilm que narraba la larga y tortuosa investigación que dio lugar a su captura: “Ciudadano X”. Tal vez alguien piense: “Oh, no es una película de fantasmas, casas embrujadas, vampiros, zombies o seres imposibles venidos de no se dónde.” Bueno, lo es y no lo es, no se trata de una historia de monstruos fantásticos e increibles, sino de un monstruo de la peor especie: el ser humano haciendo gala de una maldad absoluta sobre la que, de forma incomprensible, no tiene ningún control. ¿Hay algo que pueda dar más miedo que eso?




Para resarcir a los seguidores del blog de la tontuna visual, aunque no carente de encanto, que comenté en la anterior entrada hoy os propongo un auténtico peliculón y, sinceramente, con unos medios bastante modestos, destinado a la televisión y a las estanterías de los videoclubs, da cien vueltas a muchas películas de presupuesto millonario.

El argumento se ciñe bastante a la historia que ya conocemos. Estamos en el año 1.982 en la antigua Unión Soviética, concretamente en Rostov. Acaba de llegar un nuevo médico forense, Viktor Burakov (Stephen Rea), un hombre serio, metódico y concienzudo. Su estreno no puede ser más angustioso; acaban de encontrar el cadáver de una niña en una granja. Ha sido asesinada. El equipo policial no parece poner mucho interés en la resolución del caso, pero Burakov ordena que la zona sea registrada milimétricamente en busca de cualquier pista. Los resultados son increíbles, aparecen los cadáveres de ocho menores más en el área de búsqueda. Todos ellos han sido brutalmente asesinados.

El comité de la zona, dirigido por el coronel Mikhail Fetisov (Donald Sutherland), no quiere ni oír hablar de la posibilidad de un asesino en serie en su país. Y todo ello a pesar de que con anterioridad habían aparecido siete cadáveres más. Fetisov decide inventarse un departamento de asesinos y nombra a Burakov detective para que se haga cargo de él. El comité piensa que se enfrentan a una peligrosa banda de crimen organizado, pero en realidad el asesino (Jeffrey DeMunn) es un hombre solitario, padre de familia, trabajador de una fábrica y con la apariencia de no haber roto un plato en su vida.

Burakov, que se ha tomado el caso como algo personal, interroga a todos los familiares de las víctimas y su conclusión es que el asesino realiza su “caza” en las estaciones de ferrocarril. Pero los medios con los que cuenta para realizar la investigación son escasos, el comité no le ofrece ninguna facilidad, salvo Fetisov que, de una manera muy sui generis, siempre le acaba ayudando. La lucha de Burakov no es solo contra un despiadado asesino, sino contra un sistema ahogado en su propia burocracia y que se niega a reconocer que tiene problemas y que no sabe cómo solucionarlos.


Realmente las películas de este tipo resultan duras de ver, no estamos hablando de ficción o seres asesinos venidos del espacio o del más allá; se trata de la realidad más cruel. Personas que matan a personas porque sí. Por eso, es muy importante que el desarrollo de la historia sea respetuoso con las víctimas y no se recree en los detalles más sórdidos. “Ciudadano X” como otras películas similares, por ejemplo “A sangre fría”, son bastante cuidadosas en ese aspecto.

El ambiente reflejado en la película es tan sórdido y pobre que hace que los crímenes sean más dramáticos, máxime cuando la mayoría de sus víctimas son niños y adolescentes. Me parece un total acierto el punto de vista elegido para presentarnos la historia. La acción se centra en los entresijos de la investigación mientras que, de forma paralela, vamos viendo la forma de actuar y de ser del asesino. Aquí no hay factor sorpresa, no tenemos que devanarnos los sesos tratando de averiguar quién puede ser el culpable con las pistas que nos van dando.

Estamos asistiendo a la dramatización de la triste historia del carnicero de Rostov, todos sabemos lo que ocurrió y quién lo hizo. El director, Chris Gerolmo, podía habernos presentado la acción vista a través los ojos del asesino, pero ha preferido que sintamos la angustia y la desesperación de los investigadores del caso, especialmente de Burakov.


La aparente inexpresividad de Stephen Rea es absolutamente convincente, su gesto contenido da la impresión de ser en realidad una olla en ebullición herméticamente tapada y que en cualquier momento va a explotar. Sin apenas mover un músculo, expresa de una forma totalmente creíble, la enorme carga que siente sobre sus hombros y la soledad e impotencia que le acompañan durante la larga investigación.

Al tiempo que se va desarrollando la trama, vamos asistiendo a los cambios históricos y sociales que se dieron en la época, sobre todo lo que supuso la caída del comunismo y la incipiente democracia. Burakov apenas cuenta con apoyos, solamente el que le proporciona el coronel Fetisov interpretado por mi mil veces adorado Donald Sutherland que nos muestra un personaje de dos caras que conviven en perfecta armonía: coexisten el superior comprensivo a la vez que el aspirante a medrar en la jerarquía sea como sea y todo ello sin despeinarse.

Genial está, como siempre, Max Von Sydow, en un pequeño pero decisivo papel, el del psiquiatra que traza un posible perfil del asesino y cuya intervención en los posteriores interrogatorios será crucial para cerrar el caso. También merece una mención especial el actor Jeffrey DeMunn que interpreta a Chikatilo. Si alguien espera a un psicópata enloquecido o histriónico, tipo Jack Nicholson o Robert de Niro en el “Cabo del miedo” se sorprenderá, pues es todo lo contrario. Se trata de un hombre gris e insulso que podría pasar por nuestro lado y jamás llamaría nuestra atención, esa “invisibilidad” sería algo impensable con los actores antes mencionados (bueno, si pasara a mi lado Robert de Niro me desmayaría… ¡pero de la emoción!)

Precisamente esa capacidad de pasar desapercibido es lo que suscita más inquietud, pues tras esa fachada impasible, subyace auténtica maldad, algo que resulta de todo punto impensable en alguien que, como dijo mi madre cuando vio la película “no es ni la sombra de un señor”. Es mérito de Jeffrey DeMunn hacer creíble algo tan extremo y a la vez siniestro.

En resumen, una historia real tremendamente cruel, pero tratada con gran sensibilidad, en la que todo es sucio, lento, triste y gris, pero con una acción constante, una tensión que se mantiene hasta el último segundo y unas actuaciones maravillosas, de las que quiero destacar de forma especial la fantástica relación que se establece entre Burakov y Fetisov.



2 comentarios:

  1. Impresionante película!!!! no la conocía y me ha gustado aunque me ha quedado algo de mal cuerpo, desde luego no deja indiferente. gracias como siempre. Abrazos de oso!!!!
    Isaac

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  2. Hola Isaac. Celebro que te haya gustado y si que es verdad que da un poco de mal rollo, sobre todo porque es que es una historia terrible... ¡y real! Esto si que da miedo de verdad

    Besazos XD

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