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martes, 30 de agosto de 2011

EL CARNICERO DE ROSTOV

El 16 de octubre de 1.936, nació en la humilde aldea de Yablochnoye (Ucrania) Andrei Romanovich Chikatilo, que ha pasado a la historia del crimen con el triste sobrenombre de “El carnicero de Rostov”. Se cuenta que su infancia estuvo muy marcada por el hambre y por la muerte de su hermano mayor, Stepan, que había sido secuestrado y devorado por sus propios vecinos (esto último no está comprobado, aunque no era nada infrecuente en esa zona y en esa época).

Desde muy joven tuvo problemas para relacionarse; solía ser objeto de burla de sus compañeros de estudios, pero a pesar de eso logró graduarse en la universidad de Rostov. También tenía un éxito nulo con las mujeres, tal vez la impotencia que sufría era consecuencia directa de su incapacidad para acercarse a una mujer o viceversa. Gracias a su hermana, conoció a una joven llamada Fayina, con la que se casó en 1.963 e incluso llegó a tener dos hijos. En 1.971 comenzó a trabajar como maestro, pero no lograba hacerse respetar por los alumnos y sus clases constituían un auténtico desastre, sin embargo fue por esa época cuando descubrió que le gustaban las niñas, así que, estaba en el lugar más indicado: un colegio.

Decidió dar rienda suelta a su nueva afición dedicándose a espiar, tanto a niñas como a niños, e incluso a se atrevió a realizar algún tocamiento mientras dormían hasta que fueron descubiertas estas actividades y, de forma muy discreta para evitar escándalos, se le expulsó del colegio. En el año 1.978. Se trasladó entonces, con su familia a Shakthty, cerca de Rostov y no tardó en encontrar trabajo en otro colegio. Con sus pequeños ahorros se había comprado una cabaña, junto al río Grushevka a la que solía llevar a borrachos y prostitutas para mantener relaciones, pero estas eran decepcionantes puesto que lo que realmente él quería era resistencia y lucha.

Hasta ese momento, Chikatilo había mantenido una clara barrera que no quería o no podía traspasar, pero algo debió pasar para que en diciembre de ese mismo año, convenciera a una niña de unos nueve años, Lena Zakotnova, a su cabaña. Según más tarde confesaría, su única intención era violarla, pero al herirla de forma accidental en el forcejeo, su mente estableció una enfermiza relación entre dolor y placer de la que ya nunca pudo escapar. Había descubierto que la única manera de sobreponerse a su impotencia era maltratando a la otra persona. Así que acuchilló a Lena hasta que consiguió eyacular y acto seguido, creyéndola muerta, se deshizo del cuerpo arrojándolo al río. La autopsia revelaría que aún estaba viva cuando cayó al agua.

La suerte durante mucho tiempo se puso del lado de Chikatilo. La policía le llegó a interrogar, puesto que una niña había visto el mismo día del crimen a la víctima con un hombre que coincidía exactamente con su descripción, además, se encontraron manchas de sangre en los alrededores de la cabaña, pero no había pruebas y su mujer, de forma un tanto cándida, le proporcionó una coartada. Así que fue puesto en libertad. No tuvo tanta suerte Alexander Kravchenko, un hombre de 25 años que tenía antecedentes por agresión sexual; no había pruebas contra él, no coincidía en absoluto con la descripción de la testigo, pero se necesitaba un chivo expiatorio para calmar a indignada población la población y Kravchenko era el idóneo. A favor de Chikatilo también jugó un papel muy importante su pertenencia activa al partido comunista, hecho que se tenía muy en cuenta a la hora de juzgar la honestidad de las personas.
En el año 1.981 Chikatilo volvió a ser despedido del colegio por los mismos motivos que la anterior vez, pero ya no pudo volver a encontrar trabajo como maestro, su fama le precedía, así que consiguió un puesto como oficinista en una fábrica. Debido a su trabajo tenía que viajar con cierta frecuencia, lo que le vino muy bien para ampliar su radio de acción. En octubre de ese mismo año, sucedió un hecho decisivo que marcó su forma de actuar.

Había conocido a una prostituta de 17 años, Larisa Tkachenko, a la que ofreció comida a cambio de sexo en un bosque cercano. Allí Larisa cometió un error que le costó muy caro, se burló de la imposibilidad de Chikatilo para conseguir una erección, cosa que enfureció al hombre de tal manera que la estranguló, para luego ensañarse con su cuerpo ya muerto. Cuando había acabado con ella, no solo había tenido una erección sino que había conseguido incluso eyacular. Este hecho fue terrible pues en ese momento dio un paso más: maltratar ya no era suficiente, tenía que matar.

Hasta el año 1.984 cometió 16 asesinatos más. A medida que avanzaba en su macabra lista, iba aumentando la crueldad de sus crímenes, a los que añadió el canibalismo. Ese año se produjo su primera detención como sospechoso de los asesinatos. La policía había centrado sus esfuerzos en enfermos mentales, delincuentes sexuales y homosexuales. De hecho se habían realizado varias detenciones, pero el número de víctimas iba creciendo y, por más que se resistieran a admitirlo, los crímenes eran obra de una sola persona, es decir, estaban enfrentándose a un asesino en serie. Así que los investigadores intentaron trazar un perfil del asesino.

Se trataría de un hombre de mediana edad, casado incluso era probable que tuviese hijos, con un trabajo fijo y quizás poseedor de un vehículo (algo que no era frecuente en esa época) por la dispersión geográfica de los crímenes. El semen encontrado en las víctimas era del grupo AB. Chikatilo, había sido arrestado por acosar a jóvenes en público, evidentemente le pillaron tratando de abordar a una nueva víctima. Su perfil encajaba a la perfección con el del asesino, incluso portaba un maletín en el que se encontraron un cuchillo, vaselina y una cuerda. Pero el análisis de sangre que le hicieron arrojó un resultado negativo, era del grupo A. Así que, de nuevo, fue puesto en libertad sin cargos.

Los asesinatos se seguían sucediendo. La policía tenía claro que el asesino buscaba a sus víctimas en estaciones de autobús y tren; solía acercarse a niños o adolescentes, también retrasados mentales, que estaban solos, en muchos casos se veía que estaban poco menos que en una situación de indigencia, así que les ofrecía comida e incluso un techo, algo a lo que era muy difícil resistirse dada su situación. El cerco se iba cerrando. Se utilizaron cientos de efectivos para que cubriesen todas las estaciones de la comarca. Unos iban vestidos de uniforme, otros de paisano, así los primeros actuarían de forma disuasoria para que el asesino huyera de esas estaciones, dejándole solo unas pocas libres en las que, confundidos con los pasajeros o escondidos en los bosques cercanos, otros agentes pudieran darle caza.

En noviembre de 1.990, un agente que vigilaba de incógnito una pequeña estación de tren, vio salir del bosque cercano a un hombre vestido con traje y corbata, en su ropa se podían ver unas manchas de dudosa procedencia y llevaba un dedo vendado. Le tomó declaración pero dejó que se marchara. Se trataba de Chikatilo. Las alarmas sonaron, ya que había sido anteriormente detenido como posible sospechoso. Así pues, la zona fue peinada al milímetro y a los pocos días apareció el cadáver mutilado de la que sería su última víctima: Svetlana Korostik.

Chikatilo fue detenido el 20 de noviembre. Los análisis médicos que se le realizaron arrojaron un dato interesante: mientras que su sangre era del grupo A su semen era del AB, una rareza no muy frecuente pero que puede darse. Esto es lo que hizo que en su anterior detención fuese descartado, solo se había analizado su sangre y se dio por sentado que esta tenía que ser necesariamente del mismo grupo que su esperma. Fue acusado de 36 crímenes, pues esos eran los cadáveres encontrados hasta la fecha.

Tras mantenerse firme durante los primero interrogatorios, Chikatilo acabó derrumbándose y confesando 53 asesinatos. Incluso llevó a la policía a los lugares en los que se encontraban los cuerpos que aún no habían sido encontrados. El juicio causó una verdadera conmoción, tanto en la Unión Soviética como en todo el mundo, recordemos que el muro ya había caído y era la época de la Perestroika y la Glasnot. Chikatilo, que asistía encerrado en una jaula a modo de protección, se comportó de una manera provocativa, incluso desafiante y enloquecida, tal vez pretendía que se le exonerase por enajenación mental. Llegó incluso a decir: “Soy un error de la naturaleza”. Pero lo jueces se mostraron inflexibles, los informes psiquiátricos eran muy claros al respecto: era perfectamente consciente de sus actos y no tenía ninguna enfermedad mental. El 15 de octubre de 1.992 fue condenado a la pena capital, siendo ejecutado con un tiro en la nuca en la prisión de Moscú, el 14 de febrero de 1.994.

Hasta aquí la terrible historia del Carnicero de Rostov, un asesino en serie que actuó en los últimos tiempos del régimen soviético. Al leer su historia, nos podemos plantear muchas cuestiones: hay quien dice que dentro de cada uno de nosotros habita una zona oscura, perfectamente oculta puesto que la socialización nos hace mantenerla en estado de hibernación, pero no muerta, tal vez una serie de acontecimientos desgraciados puede hacer que la zona oscura se libere dando rienda suelta a toda la maldad de la somos capaces.

Otros en cambio, creen que el ser humano tiende de forma natural a la bondad, pero de vez en cuando se dan, como el mismo Chikatilo dijo “errores de la naturaleza”, que no son capaces de entender ni sentir ninguna simpatía hacia los demás. Son solo aproximaciones a una explicación que aún no existe, no al menos satisfactoria, de los motivos de unos actos tan crueles e inhumanos como los que este y otros muchos asesinos en serie realizaron. No se trata de un crimen cometido en un momento de acaloramiento, de arrebato, más bien son actos premeditados, compulsivos y perfectamente conscientes.

Como podéis ver, ni siquiera los expertos están seguros de nada, sólo hay hipótesis, teorías, pero nada más. Tal vez el día que se descubra el por qué de estos actos, se pueda encontrar la forma de evitar que un asesino en serie vuelva a matar… o tal vez no.

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