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miércoles, 17 de agosto de 2011

TAROT DE PARÍS

Como en la anterior baraja había pegado un pequeño saltito hacia atrás, para hablar de la teórica primera baraja francesa, hoy me voy a permitir seguir por aquellas tierras para recrearme en una bella baraja de autor desconocido. Se trata del conocido como Tarot (Anónimo) de París, fechado en el siglo XVII y que actualmente se encuentra en la Galería de Grabados de la Biblioteca Nacional de París.

La primera nota llamativa es lo tosco de los dibujos y del coloreado. Este punto ha sido muy criticado por los estudiosos de la historia del Tarot, tal vez tengan razón, pero a mí me parecen impactantes las imágenes de los distintos Arcanos y creo que merece la pena hacer una revisión detallada de los Mayores. Este Tarot ya consta de 22 Arcanos Mayores y 56 Menores.

Se ha llamado la atención sobre un asunto que es francamente curioso y es que los títulos de algunas de estas cartas están mal escritos, pero creo que esto lo que hace es aumentar su encanto. Algunos dicen que por esta época se editaban tantos juegos de cartas, que la incansable producción iba en detrimento de la calidad de los detalles. Es una explicación como otra cualquiera.

Del autor no se sabe el nombre, puesto que este está borrado de las cartas en las que aparecía. Si recordáis, algunos Tarots Belgas, concretamente el de Hautot del que hablé en una entrada anterior, tenían una curiosidad, que era ese ajedrezado que enmarcaba cada una de las láminas, en este anónimo de París sucede lo mismo. Aunque los dibujos poco tienen que ver con los anteriormente nombrados.

Empezamos el recorrido por el Loco, una imagen absolutamente sobrecogedora en la que vemos a un corpulento hombre que porta en sus manos una vara que tiene insertada en su punta la cabeza de un bufón. Cae por su espalda una capucha que muestra una impresionante cara y ¿veis lo que porta en su brazo izquierdo? ¿no es una corona? Realmente esta es, para mí una de las cartas más impactantes. Siguiendo el recorrido llegamos al Mago que, sorprendentemente, presenta a tres hombres de aspecto más bien pendenciero, en torno a una mesa, bajo la cual vemos a una especie de monito importunando a un perro que está enroscado sobre si mismo.

La Papisa está sentada en su trono adornado por pesadas cortinas recogidas a ambos lados, con su brazo izquierdo sostiene una inmensa llave, con la derecha apenas sujeta un pesado libro rojo. Es imprescindible fijarse en las dos figuras que quedan a los lados del trono, en la parte más baja. La Emperatriz es una figura más simple, está en un paisaje natural, su cabeza sostiene una corona, su mano derecha un cetro. Menos sencillo en su ropaje, el Emperador es lo que podemos denominar el rey-guerrero, bajo su gran capa real, se nos muestra su armadura de soldado. Incluso la inclinación de su cuerpo, parece indicar que está más que dispuesto a luchar.
El Papa da un poco de miedo, puesto que se ha borrado parte de la cara y resulta inquietantemente siniestro. Sostiene, al igual que la Papisa, una gran llave en una mano y una larga vara en la otra, a sus pies un animal que parece un perro. En sus manos podemos observar algo desagradable, lo que bien podrían ser estigmas. ¿Nos hablaba el artista de santidad o ironizaba sobre la misma?.

La carta de los Amantes también sorprende, bajo el vuelo del Cupido de turno, con el arco y la flecha preparados, vemos a una pareja de cierta edad. Sólo con ver la cara de absoluta resignación de la mujer y la postura abatida de su cuerpo, podemos imaginarnos lo poco que la ilusionan las atenciones del talludito galán. El Carro está tirado por lo que parecen dos cisnes, que son guiados por un ser que tiene cabeza humana y cuerpo indefinido y, por último, sobre el carro vemos a un hombre coronado con laurel que sostiene un cetro.

La Justicia tiene dos cabezas, una masculina y otra femenina, lleva los ojos vendados y porta sus implementos característicos: la espada y la balanza. Por su parte el Ermitaño lleva en una mano un cayado y un rosario de gran tamaño, en la otra parece o bien un candil o bien una campana de la que estaría sosteniendo el badajo, hay opiniones divididas al respecto, yo casi me inclino más por la segunda, aunque no estoy del todo convencida. Parece hallarse a la puerta de un edificio que podría ser un monasterio; lo que podría indicar que sería más monje que ermitaño.

En la Rueda no encontramos ningún animal, como en otras ocasiones, sino un grupo de 3 hombres que giran sobre ella y un cuarto que está puesto en pie en la parte superior y que porta una corona y un tridente ¿quién pensáis que podría ser? En la Fuerza encontramos a una mujer dominando por completo a la fiera, con una cara fruncida en un extraño gesto que no augura nada bueno para el pobre animal. El Colgado cuelga de una cuerda, formando con las piernas el consabido 4. La edad del personaje es elevada, o al menos así lo parece.

La Muerte es una figura un tanto aséptica, puesto que va enguantada, que se aferra a una guadaña de buen tamaño, no dejéis de mirar sus pies ¿no son llamativos? La Templanza también llama poderosamente la atención, lejos de ser esa imagen suave y relajante que se nos suele ofrecer de este Arcano, vemos una figura que parece afanarse en apagar con su jarra un incendio.

El Diablo es un personaje mitad repulsivo, mitad divertido, lleva unas pesadas cadenas como si estuviese buscando una nueva víctima a la que atrapar. Por su parte, la representación de la Torre es, como poco, desasosegante, una especie de bestia antropomorfa toca un tambor en lo que podría perfectamente ser un lugar infernal, ¿es la barca de Caronte lo que se insinúa en la parte derecha?.

En la Estrella no nos encontramos a la bella jovencita chapoteante, sino, como ya ocurría en el Tarot de Viéville, a un anciano astrónomo. La Luna es una carta digna de estudio. Vemos a un hombre con un rostro totalmente embobado, tocando el arpa para una jovencita que parece estar haciéndole muy poco caso. Por no hablar del Sol en el que encontramos a una dama de largos cabellos y ciertamente no muy agraciada, siendo objeto de los coqueteos de un personaje azul que puede ser prácticamente cualquier cosa.

El Juicio se atiene más al cliché conocido, es el Ángel que con el sonido de su trompeta despierta a varias personas a la nueva vida. El Ángel merece él sólo un estudio completo. Y por último el Mundo nos presenta a una dama desnuda, sobre un orbe, que porta lo que parece la cortina de la ducha, con barra incluida, rodeada de angelotes que provocan los vientos en todas direcciones.

De los Arcanos Menores no puedo ofreceros imágenes, no las encuentro, espero que más adelante pueda conseguir algo. Pero puedo decir que se trata de los números y palos habituales. Los Oros poseen la curiosidad de incluir en las monedas blasones de ciudades francesas. Los Ases, por su parte, muestran un animal diferente según el palo.

Viendo estas cartas, me apena no conocer el nombre del autor, puesto que aunque algunos dicen que son dibujos toscos y poco trabajados, a mí me parecen ingeniosos y llenos de picardía. Aquí os dejo un enlace para disfrutar de esta singular baraja y podáis juzgar por vosotros mismos:

 

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