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domingo, 25 de abril de 2010

EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO

En 1.954 Richard Matheson publicó su novela ”Soy leyenda” (I am Legend). Se trataba de una obra de ciencia-ficción cuyo argumento era ciertamente inquietante: Una terrible epidemia, fruto de la guerra bacteriológica, ha arrasado el mundo. Los escasos supervivientes se polarizan en dos bandos antagónicos: los infectados se han convertido en una especie de vampiros, los no infectados, que son minoría, luchan por sobrevivir en ese panorama tétrico. En este último grupo destaca el protagonista, Neville, el único superviviente, en apariencia, no infectado que queda en la ciudad de Los Ángeles.

Con esta base argumental, se rodó una película llamada: “El último hombre sobre la tierra” protagonizada por el genial Vicent Price, que no he tenido oportunidad de ver, y en el año 1971 se hizo un remake: “The Omega man”, que en España se llamó “El último hombre vivo” y cuyo protagonista es otro clásico, Charlton Heston. De esta última es de la que hoy voy a hablar.

Esta película, que había quedado bastante olvidada, se ha vuelto a actualizar gracias a la estupenda versión que se ha hecho recientemente, en 2.007, y que recuperaba el título original de la novela de Matheson, “Soy leyenda” protagonizada por Will Smith, en su momento hablaré de ella porque me gustó mucho, pero hoy le toca el turno al bueno de Charlton.

El argumento es el siguiente: Nos encontramos en el futuro, a finales de la década de los setenta (recordemos que la película se rodó en 1.971) y una epidemia, fruto de la guerra bacteriológica entre la URSS y China, ha despoblado la tierra. La enfermedad se propagó de forma rápida y, según parece, el único superviviente sin ser afectado, es el coronel Robert Neville (Charlton Heston), un científico que gracias a una única dosis de la vacuna que se encontraba en fase experimental, parece haber sorteado con éxito la enfermedad.

Neville pasea durante el día por la ciudad de Los Angeles completamente desolada y vacía. Es el único habitante vivo… o eso es lo que parece. Durante la noche, salen de su escondrijo un grupo de personas que resultaron infectadas y que, aunque no llegaron a morir, si se han visto seriamente afectadas por la enfermedad, desarrollando una fotofobia absoluta que les impide exponerse a la luz del sol y que les ha vuelto albinos.

Para poder subsistir, los infectados se han constituido en una especie de secta que denominan La Familia, encabezada por individuo siniestro que responde al nombre de Matthias (Anthony Zerbe). La Familia, en su delirio mitad iluminado, mitad fanático, achaca a los avances científicos la destrucción de la civilización y están dispuestos a acabar con todo rastro que pueda quedar de la misma. Actúan de noche quemando libros, obras de arte, máquinas,… cualquier cosa hecha por la mano del hombre para ellos es susceptible de ser devorada por las llamas de sus hogueras purificadoras, (aunque habría que preguntarse si esas gafas de sol que llevan no deberían ser también quemadas); ellos se consideran víctimas del progreso, puesto que son lo que son por una guerra que hizo uso de sus avances bioquímicos para matar.

Ahora abominan del progreso y Neville se ha convertido en el centro de su odio, puesto que no ha sido infectado y además es un hombre de ciencia, representa todo aquello que quieren destruir. Por su lado Neville se refugia en ese progreso del que ellos reniegan, hace uso de todos los aparatos punteros en tecnología que existían antes de la aniquilación química. Un día Neville cree ver a alguien no infectado por la desértica ciudad ¿puede ser que él no sea el único hombre vivo?




Esta película nos pone ante un futuro posible y, por cierto, aterrador. Sin querer ser apocalíptica, lo cierto es que el argumento del que parte la película es totalmente factible, otra cosa es todo lo que sucede después. No se nos plantean cataclismos naturales, o las fuerzas de la naturaleza desatadas ni nada parecido; lisa y llanamente vemos al hombre sufriendo las consecuencias de su propia autodestrucción. El hombre destrozándose a si mismo porque no ha sabido controlar y asimilar sus propios avances.

En la película se enfrentan dos bandos: por un lado tenemos a nuestro protagonista, Neville, es un hombre de ciencia que dedica gran parte de su tiempo a buscar una cura para la enfermedad. Se aferra a los avances del hombre para su propia defensa física y también mental: aísla su casa durante la noche con todo tipo de medidas de seguridad, para que La Familia no pueda capturarle. Además se aferra a la civilización visitando tiendas, hablando y jugando al ajedrez con un busto, vistiéndose de gala para la cena como si se tratase de una ocasión especial (el modelito de casaca verde con chorreras es memorable).

En el otro extremo tenemos a La Familia, encabezados por el inefable Matthias, quien en un momento dado, define lo que para ellos es el científico, resumiendo de forma clara su postura ante la ciencia: “Científico es el hombre que no comprendió nada hasta que no quedó nada para comprender”. Escalofriante concepto. Ellos se sienten víctimas del progreso, pero para asumir su nuevo estado, deciden creer que son una raza elegida, que por el sufrimiento ha sido redimida de todo error y pecado.

Esta es su forma de afrontar, teóricamente, lo que les ha sucedido, pero el odio, cuando no está convenientemente corregido y canalizado, necesita dirigirse en alguna dirección, hacia un objetivo concreto, y en este caso es Neville.



Esta película, con sus intenciones pacifistas, más o menos logradas, nos muestra por un lado las posibles consecuencias que podría tener el progreso dirigido hacia la destrucción del otro. Pero también refleja algo interesante y es el ejemplo tan ilustrativo y atemporal de lo que puede suceder cuando varias personas se reúnen en torno a cualquier creencia, eligen odiar al diferente y se sienten más fuertes al ser masa; la violencia y los peores instintos salen a la luz y en el grupo se fortalecen y autoalimentan. Estos grupos generalmente siempre buscan una justificación que les exima de cualquier responsabilidad ante las barbaridades que puedan cometer en algún momento. En el caso de La Familia su eximente es que son los elegidos y han sido purificados… ¡casi nada!

Reconozco que no estamos ante una obra de arte, pero es una película sumamente entretenida, si bien es verdad que ha envejecido regularmente, se deja ver bien y tiene algunos detalles bastante logrados. Indescriptible la música, francamente psicodélica, que acompaña las apariciones de La Familia. Espero que paséis un buen rato con ella:

http://www.peliculasyonkis.com/pelicula/el-ultimo-hombre-vivo-1971-dvdrip2/

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