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viernes, 4 de junio de 2010

COURT DE GÉBELIN II

Gébelin dejó escrita su opinión global sobre el origen egipcio del Tarot en una frase muy concisa y concreta: “En un cuarto de hora toda la baraja es examinada, explicada, declarada egipcia”. Por motivos que sólo él conocía, su convencimiento fue absoluto. ¿Poseía Gébelin alguna prueba de peso para hacer tal afirmación? ¿Le fueron reveladas algunas claves que le hicieron adoptar tal seguridad en sus afirmaciones? ¿O simplemente él llegó a la conclusión de que las cosas eran así y, sin ninguna prueba a favor, defendió hasta el final sus ideas?

Dudo que alguna vez sepamos con exactitud cual es la verdadera respuesta a tantos interrogantes, pero lo cierto es que la actitud de Gébelin con respecto al Tarot cambió el transcurso de la historia de éste, puesto que desde entonces, tomó una deriva ocultista que antes no poseía.

Un personaje clave en la obra de Gébelin sería Louise de Fayolle, conde de Mellet. Hasta hace poco no se sabía el nombre del colaborador de Gébelin y autor de algunos artículos que aparecieron en su enciclopedia. Firmaba como M. le C. de M. Colaboró en muchas de las investigaciones que sobre el Tarot realizó Gébelin y, de hecho, en lo tocante al área adivinatoria fue él quien se explayó con sus teorías mágicas.

Fayolle también desarrolló su propia explicación del origen egipcio de la palabra Tarot, basándose en la idea de que el término Ta-Rosch, significa “La Ciencia de Mercurio” (recordemos que Mercurio es equivalente a Hermes). A partir de esta premisa, dividió los Arcanos Mayores en 3 sectores o épocas:

La primera sería la Época de Oro que haría referencia a la creación del mundo: abarcaría los Arcanos desde el Mundo hasta el Diablo. Una segunda Época de Plata que abarcaría desde la Templanza hasta la Justicia (siendo ésta la tradicional número VIII, todavía no había entrado en acción Waite), este segundo grupo haría referencia al desenvolvimiento del hombre en la creación.

Por último, una tercera Época de Hierro que representaría la parte más terrenal y mundana del hombre, en la que se englobarían las cartas restantes, desde el Carro hasta el Loco. Como puede verse, es un recorrido a la inversa por los Arcanos. Las elucubraciones de Fayolle no acaban aquí, puesto que también consideraba que cada carta representaba una letra del alfabeto hebreo (son veintidós) de tal modo que, según se fueran combinando las cartas entre sí, se formarían palabras, incluso frases.

En “El Arte del Tarot” de la editorial Orbis, se nos cuenta una curiosa contradicción de Fayolle: Para él, el uso del Tarot para la adivinación era una degeneración de la antigua ciencia sacerdotal; a pesar de esto, incluyó una rápida descripción del significado adivinatorio de las cartas, a la vez que un método para su lectura.

Hay una cosa evidente, y es que no se sabe el verdadero origen del Tarot, no hay pruebas contundentes que nos demuestren que se originó en tal o cual sitio. Teorías hay muchas, para todos los gustos y de todos los colores. Para teorizar servimos cualquiera, pero sin alguna prueba medianamente tangible, no se sustenta ninguna teoría, por muy atrayente y misteriosa que sea.

En el caso de Gébelin y su amigo Fayolle, y esto es una opinión personal, si no hubiera sido por lo bien relacionados que estaban, no creo que sus teorías hubieran durado muchos años. Tuvieron repercusión porque Gébelin estaba muy considerado en su época, tanto a nivel personal y profesional, como a nivel esotérico. Era miembro de la Orden de los Elegidos Cohen de Martines de Pascually, de la logia masónica de Las Nueve Hermanas y amigo íntimo de Saint-Martin, influyente esoterista de la época.

Es lógico que su prestigio personal le diera una credibilidad a la hora de teorizar sobre el Tarot. Pero jamás aportó una prueba documental que avalara sus declaraciones. Hay quien dice, y es una idea que me parece sumamente sugerente, que tanto Gébelin como Fayolle, se limitaron a dar a conocer ideas que ya estaban más que asentadas en los círculos masónicos, es decir, que no serían teorías propias sino que se habrían convertido en portavoces de lo que muchos pensaban.

De hecho, en la misteriosa muerte de Gébelin, de la que hablaré en su momento, muchos ven una venganza masónica por haber revelado secretos celosamente guardados durante siglos, entre ellos lo referentes a los orígenes egipcios del Tarot. En tal caso, Gébelin no habría sido un portavoz nombrado por los propios masones, sino un traidor a los secretos de su propia orden. Interesante teoría.

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