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viernes, 30 de julio de 2010

LA BESTIA DE GEVAUDAN

Lo primero que se debe hacer al hablar de esta historia, es agradecer la terquedad y decisión del Abate Pourcher, párroco de la abadía de Saint Martir de Bouchaux, en la región de Gevaudan. Su entusiasmo por este relato que formaba parte de la historia viva de la región, llevó al abate a recopilar datos sobre un caso que ocurrió casi siglo y medio atrás. Ningún editor quiso publicar su obra “Historia de la bestia del Gevaudan, auténtico azote de Dios”.

Pero él no se arredró, y decidió imprimirlo por su cuenta y riesgo el año 1.889. Gracias a él conocemos esta historia, que está perfectamente documentada y contrastada. El origen de estos hechos se remonta al año 1.764, se sitúa en la región francesa del Gevaudan, en la comarca de Auvernia. El verano acaba de comenzar y una campesina que regresa con sus bueyes de sus campos, en la localidad de Langogne, es sorprendida por el ataque de una inmensa “Bestia”, tal como ella describió; afortunadamente los bueyes ponen en fuga al monstruoso atacante.


Cuando cuenta su experiencia, nadie la cree; la opinión general es que se trata de un lobo, animal muy frecuente por la región. A los pocos días, cerca de Saint Etienne de Lugdarés, aparece el cadáver mutilado de muchacho de catorce años de la localidad. Un mes después será una niña la que muera devorada. A lo largo del mes de agosto, en los campos del Gevaudan se encuentran los cuerpos mutilados y tremendamente desfigurados de tres chicos, una niña pequeña y un campesino adulto.

En el mes de septiembre serán dos mujeres y un hombre los que desaparezcan, sus pertenencias se encontraron desperdigadas por los bosques, los cadáveres en cambio, nunca aparecieron. En octubre, un joven que vive en Pouget aparece en estado de shock y cubierto de sangre. Ha sido atacado por un enorme animal que no ha sido capaz de identificar. Al poco tiempo un niño sufre un ataque similar; por los mismos días aparece el cuerpo de una joven horriblemente destripada.

Las autoridades deciden tomar medidas y comienzan las batidas, puesto que la hipótesis con la que trabajan es con los ataques de algún lobo especialmente grande y agresivo. Los pocos testigos que han sobrevivido, aportan datos contradictorios y surrealistas, estos son algunos de los detalles que se recogen: tamaño de un burro o mayor, pecho de color blanco, cola larga y blanca, pelo rojizo, garras del tamaño de un oso,…

Las batidas son dirigidas por el Capitán Duhamel, de los Dragones de Langogne. Pero, salvo matar a un lobo increíblemente corpulento, no logra gran cosa. La casualidad quiere que sea un campesino de Julianges, que trabajando en su pajar, vea a la Bestia y, aunque presa del terror, nuestro intrépido amigo llamado Jean Pierre Pourcher, reúne el ánimo suficiente como para disparar a la Bestia, con el acierto suficiente como para herirla. El monstruo huye, pero la descripción que de él hace Pourcher hace que el pánico cunda por toda la región.

A las batidas se unen campesinos de la zona y nuevos refuerzos del ejército. Varias veces la Bestia es vista y recibe unos cuantos disparos, pero no logran abatirla, y parece que, en respuesta al acoso humano, se dedica con más ahínco a atacar a los habitantes de la región. Las noticias sobre las hazañas de la Bestia se extienden por todo el país y los periódicos empiezan a seguir con fruición cada novedad que proviene del Gevaudan. El rey Luis XV decide tomar cartas en el asunto, ordenando que se aumenten las batidas, extendiéndose por toda la zona.

Pero la Bestia sigue matando, estamos ya en el año 1.765 y se produce uno de los hechos más bochornosos para los soldados que ocupan la región, y es que un grupo de niños perfectamente organizados y armados con palos y piedras, logran acorralar y herir a la Bestia; algo que los adultos no han conseguido hasta el momento. De acuerdo, hay bajas, pero la aventura de los valientes muchachos llega hasta oídos del rey quien concede una pensión vitalicia a todos ellos. Por poner un ejemplo, el líder del grupo, André Portefaix, tiene doce años.

Las muertes no cesan, las batidas no obtienen los resultados esperados, y en el mes febrero se presenta Denneval, un cazador de lobos normando, de gran experiencia y un “curriculum lobero” impresionante. Se ha comprometido con el rey a matar a la Bestia y llevarla personalmente a Versalles. Denneval se muestra escrupuloso en su trabajo, estudia el terreno, las costumbres del monstruo, pero sobre todo no quiere soldados que puedan entorpecer sus pesquisas. Los enfrentamientos con Duhamel se multiplican.

Denneval no tiene éxito con sus emboscadas y batidas, incluso los métodos que utiliza, como poner como cebo cadáveres humanos, levantan ampollas en la región. El rey, harto de tanta ineficacia, ordena a su primer porta-arcabuz, Antoine de Bauterne que resuelva de una vez por todas el problema. Bauterne llega a finales de junio. Su primera medida es arrinconar a Denneval, para así poder emplearse a fondo para cazar al monstruo que, inasequible al desaliento, sigue matando sin freno.

Hasta que por fin, en una de las múltiples batidas, Bauterne, en los alrededores de la abadía de Chazés, se encuentra cara a cara con un enorme animal, sin pensárselo dos veces, dispara hasta matarlo. No hay duda, es un gigantesco lobo, mejor dicho loba, sus proporciones sorprenden a todos, pero no hay duda de la especie a la que pertenece el animal. Todos celebran la muerte del depredador. El cadáver es disecado y empalado. Lo llevan al rey, que en ese momento está en Fontainebleau. Bauterne es condecorado por su trabajo y recompensado con una pensión vitalicia sumamente generosa.


Pero la tranquilidad dura poco. Con la llegada del invierno empiezan las muertes; parece como si la Bestia se hubiera dado una tregua para que los campesinos se confiaran. Varias personas son testigos de los ataques, incluso un campesino, Pierre Blanc, tiene un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con la Bestia y asegura que ésta lucha sosteniéndose sobre sus patas traseras, es decir, puede tratarse de un ser bípedo. Pero la Bestia de Gevaudan ya no interesa a las altas instancias; oficialmente fue abatida por Bauterne y el caso está cerrado. Es decir, la región de Gevaudan ha quedado sola a merced de una alimaña asesina.

En julio de 1.766 un noble de la zona, el marqués de Apcher, decide liderar una nueva serie de batidas con los lugareños y en ellas participa Jean Chastel quien, pese a sus sesenta años, es un hombre fuerte, valiente y honrado, a la vez que tremendamente piadoso, de él se dice que hace bendecir las balas de su escopeta. En una ocasión, estando sólo en una zona conocida como La Sogne d’Auvert se encuentra con la Bestia a la que mata sin grandes dificultades.

Según los testimonios no es un lobo. No pertenece a ninguna especie conocida, ni en esa zona ni en ninguna. Chastel se empeña en llevar los restos de la Bestia a la corte en de Versalles, pero el sofocante calor del verano acelera la descomposición del monstruo y cuando llega a su destino, los físicos del rey se niegan a examinarlo. Así que es enterrada sin más contemplaciones y Chastel poco menos que es echado con cajas destempladas. Nada que ver con lo que sucedió con Bauterne, quien por cierto, se dedicó a mostrar a su “Bestia” disecada por las ferias de toda Francia, ganando una fortuna.

Pero al bueno de Chastel no le importa, la región de Gevaudan no olvida su hazaña y en agradecimiento le es concedida una pensión, aunque modesta, pero de gran simbolismo. Gracias a los esfuerzos del abate Pourcher, ha llegado hasta nosotros el nombre del verdadero salvador de la región de Gevaudan. Y hasta aquí la historia. Por la estupidez de los físicos del rey, jamás sabremos qué era realmente la Bestia. Sus delicados estómagos no pudieron soportar el estudio de uno de los casos más increíbles con el que se podrían encontrar en toda su vida.

Huelga decir que las muertes cesaron tras la actuación de Chastel. Se han dado muchas hipótesis: desde que era una subespecie de lobo desconocida hasta el momento, hasta un lobo con una serie de deformidades que hacían que su apariencia fuera monstruosa, hay quien dice que podría ser una especie exótica traída de algún lugar lejano y que la gente de la zona no conocía (tigres, hienas, etc) también se habló de un ser demoníaco o de un “azote de Dios” consecuencia directa de los múltiples pecados de la humanidad. Este caso es tremendamente interesante, uno de mis favoritos, y no puedo dejar de dar las gracias al periodista Antonio Ruíz Vega, puesto que conocí esta historia gracias a un reportaje suyo.

2 comentarios:

  1. ¿No será el "chupacabras"? O.O
    Has oído de él?

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  2. Yo creo que no, más que nada por la descripción que se da de ellos, es muy distinta. EL chupacabras, según parece, es más pequeño y de un tono más verdoso, y deja sin sangre a sus víctimas. En cambio la Bestia era muy grande y no desangraba, destripaba más bien. Es una pena que no se estudiara el último monstruo que mataron, ahora sabriamos de qué se trataba.
    Por aquí, en España, también se dice que hay algo parecido al chupacabras, de vez en cuando aparecen ovejas, vacas, a veces rebaños enteros, totalmente desangrados, pero ni se dice cúal es el motivo, ni se habla de ello, es como si no quisieran reconocer que ocurre... ¡pasan tantas cosas que nos ocultan!

    Besos

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