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martes, 23 de agosto de 2011

EL ERMITAÑO. MEDITACIÓN

Tarot Morgan Greer
A fecha de hoy es casi impensable, al menos en el mundo occidental, que una persona abandone todas sus posesiones y relaciones mundanas, para embarcarse en la búsqueda solitaria de su propia esencia. Pero siglos atrás no era tan extraño. Queda constancia documentada de eremitas, hombres y también mujeres, que renunciaban al mundo para rencontrarse con Dios, por medio de la oración, el aislamiento y la frugalidad, vivían en pleno contacto con la naturaleza, alejados del ruido y de las exigencias propias de la época en que les había tocado vivir.

El Ermitaño no es un desterrado, un paria; es una persona que ha optado de forma libre y consciente por la soledad para poder focalizarse en el mundo interior y encontrar allí las respuestas que no halla en el mundo exterior. En su solitario caminar, va acumulando conocimientos que brotan de su interior, nada hay fuera que no exista dentro, pero no se los guarda para sí, sino que pacientemente espera a aquellos que hayan optado por seguir sus huellas. Con su candil iluminará el camino de los que vienen detrás y sólo con los que quieren saber compartirá su conocimiento.

Muchas personas piensan que la soledad del Ermitaño es soberbia e incluso insolidaria con el resto, pero esto no es así, el Ermitaño toma distancia para así poder observar con cierta asepsia lo que ocurre a su alrededor. Es muy difícil juzgar un hecho cuando estamos inmersos en él, la objetividad desaparece, en cambio, si nos alejamos, aumenta la perspectiva y al no tener ningún interés ni vínculo con el suceso, el juicio no se enturbia por la parcialidad. El Ermitaño sabe que la distancia y la soledad son imprescindibles para que su voz interior pueda expresarse y él sea capaz de escucharla y comprenderla.

También hay gente que dice que el Ermitaño es un personaje triste por su separación de los demás. Pero esto solo se produce en el terreno físico, en realidad el Ermitaño lo que busca con el aislamiento físico es la unión con el Todo. Así que el verdadero aislamiento lo sufren aquellas personas, generalmente están rodeadas de gente, pero que están separadas de la Fuente de Vida o como queramos llamarlo.

El número que corresponde al Ermitaño es el 9. Este número simboliza el final de un ciclo, pero bien sabemos que nada acaba definitivamente, solamente pasa a ser otra cosa, de tal modo que el final de una etapa es el paso previo para el comienzo de otra. Esta idea me parece magistralmente ilustrada en algunas antiguas barajas, como es el caso de la Visconti-Sforza por el reloj de arena; si nos fijamos, es un reloj que está en perpetuo movimiento, cuando uno de los cuerpos se vacía, es decir, cumple su ciclo, dando la vuelta al reloj, el ciclo comienza de nuevo.
Tarot Visconti-Sforza
En la figura del Ermitaño se reúnen muchos símbolos y arquetipos de gran importancia en el ocultismo. Así, por ejemplo, la barba habla de sabiduría. El baculo que le sirve de apoyo, expresa a un tiempo el poder que obtiene de su conocimiento extraordinario y el contacto que en ningún momento pierde con el suelo, es decir, con lo material. La túnica nos recuerda el manto de Apolonio que servía para aislar al sabio del ruido externo al tiempo que ayudaba a guardar los misterios convenientemente ocultos. El farol muestra la luz de la iluminación que él ha obtenido y que comparte generosamente con cualquiera que quiera acercarse a él. Algunos autores han visto en esta imagen el mito de Diógenes (no confundir con el trastorno conocido como síndrome de Diógenes), del que se cuenta que caminaba por las calles de Atenas con un candil encendido, incluso a plena luz del día, cuando le preguntaban por qué hacía esto, él contestaba: “Estoy buscando a un hombre honesto”.

Quiero recordar un párrafo muy elocuente de Eliphas Leví en su “Dogma y ritual de Alta Magia” en el capítulo 9 de la parte del Dogma, llamado Iniciación, nos dice: “El iniciado es aquel que posee la lámpara de Trismegisto, el manto de Apolonio y el bastón de los Patriarcas.
La lámpara de Trismegisto es la razón ilusionada por la ciencia, el manto de Aplonio es la posesión completa de si mismo, que aísla al sabio de las corrientes instintivas y el bastón de los Patriarcas es el socorro de las fuerzas ocultas y perpetuas de la naturaleza”.

El sendero que recorre el Ermitaño en el Árbol de la Vida es el que une las esferas denominadas Chesed (Misericordia) y Tipheret (Belleza). Reflexionemos un poco sobre el recorrido, tanto en una como en otra dirección, la Misericordia representada por Chesed no está dominada por la lástima por el mal ajeno, sino por los sentimientos de ternura y compasión. La diferencia de matices es muy importante. Una cosa es sentir pena por alguien y otra es simpatizar con su dolor.
Tarot Gilded
De este modo, podemos ver que cuando sentimos verdadera Misericordia hacia alguien, sabremos apreciar su verdadera Belleza, aún cuando esta esté envuelta en un halo de fealdad; del mismo modo la contemplación de la Belleza nos llevará a sentir Misericordia. Hablo de la Belleza interior, la que suele ser menos visible para la vista física. Esto nos dice que cuando nos empeñamos en ver al otro como el verdadero ser de luz que es, a pesar de sus defectos mundanos, conseguimos entender que muchos de sus actos son producto de la ignorancia, no de la maldad, lo que nos ayuda a ser más comprensivos y tolerantes.

Meditar sobre esta carta ayuda a quien busca la iluminación. Sirve para llevar a la realización las creaciones mentales. En un sentido más práctico, es una carta adecuada para desarrollar la capacidad analítica, así como la prudencia.

Se suele asociar el Ermitaño con la letra hebrea Yod, cuyo significado es mano abierta o la palma de la mano. Para algunos la asociación es con la letra Teth.
En Alquimia se relaciona con la Putrefacción.
En el Árbol de la Vida se sitúa en el sendero entre Chesed y Tiphereth.
La relación astrológica es con el signo Virgo.
Color: Amarillo-verdoso.

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