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jueves, 2 de diciembre de 2010

NOCIONES FUNDAMENTALES III

Hay infinitos tipos de rituales, incluso podemos elaborar aquellos de nuestra propia invención que se acomoden a nuestras necesidades. Simplemente se pueden seguir una serie de normas básicas que, a través de los tiempos, se han utilizado y, según parece, con óptimos resultados. Para hacer cualquier tipo de ritual se necesita en primer lugar tiempo, no se puede hacer en un minuto, deprisa y corriendo. Requiere una preparación, tanto psíquica como física. Es aconsejable, aunque no imprescindible, si se van a realizar rituales con cierta frecuencia, destinar un lugar de la casa para dicho fin. Puede ser un rinconcito en un dormitorio, o cualquier lugar que cumpla dos sencillos requisitos: que estemos cómodos y que podamos aislarnos del resto de la casa, asegurándonos no ser interrumpidos durante nuestros trabajos.

Puede ser el lugar destinado a las meditaciones, en caso de que se hagan. Por supuesto cualquier lugar es bueno para realizar los rituales, pero aconsejo utilizar siempre que se pueda el mismo por dos sencillas razones: una porque con el tiempo nuestro subconsciente asocia el lugar con los rituales y la predisposición mental es más favorable cada vez que se haga uno nuevo y la siguiente razón es que conforme vamos haciendo trabajos mágicos, el lugar se va impregnando de la Egrégora favorable que iremos creando, es decir, impregnamos ese sitio de buenas vibraciones, consiguiendo así un beneficio extra que se va incrementando con cada nuevo ritual.


Como cuestión práctica, es preferible que sea un sitio en el que podamos colocar distintos elementos sin problemas de espacio, y también conviene tener a mano todos los utensilios necesarios para realizar el ritual, no es muy serio que digamos, levantarse en medio de un ritual para ir a buscar las velas a otra habitación porque se nos han olvidado. Cuando decidimos hacer un ritual, una parte importante es la planificación, asegurarnos de que tenemos todo lo necesario y cuando llegue la hora del ritual ha de estar todo a nuestro alcance y bien visible para que no tengamos que interrumpir el proceso.

Si es importante el ritual en sí, también lo es preparación del mismo. De una forma breve haré una reseña de los preliminares, podrían ser los siguientes:

En primer lugar hemos de decidir qué queremos conseguir o pedir, es decir, definir claramente el objetivo.

En segundo lugar debemos escoger entre los rituales que conocemos, cuál es el más adecuado para dicho fin. Si no hay ninguno que nos satisfaga, habrá que buscarlo en otras fuentes.

En tercer lugar elegiremos el día y momento adecuados para realizarlo. Hay fechas que pueden resultar más propicias, se pueden tener en cuenta las fases lunares o determinados hitos astrológicos, también hay rituales que se deben realizar durante varios días, en algunos casos se aconseja una preparación los días previos al ritual… todos estos factores hay que tenerlos en cuenta.

En cuarto lugar debemos estudiar el ritual en sí para que llegado el momento de realizarlo, no tengamos que estar interrumpiéndonos constantemente para consultar cual es el siguiente paso. Sobre todo, hemos de hacer un inventario de los elementos necesarios, de esta manera, tendremos tiempo para conseguir aquello que nos hace falta y que no tenemos, si por ejemplo en el ritual se utilizan limones o velas de color verde o laurel, etc.

En quinto lugar, son fundamentales los preparativos cuando llega el momento. Asegurarse tiempo y silencio para el día y la hora escogidos es fundamental. Tener todo el material necesario preparado y dispuesto, incluyendo nuestro Libro de Sombras o el libro que vayamos a utilizar para guiarnos si no es un ritual que conocemos de memoria. Como preparación previa, lo ideal sería realizar un baño o ducha purificadores, si no puede ser, por lo menos lavarse las manos y la cara con agua fría, para hacer una recreación externa de la limpieza con la que vamos a realizar el ritual. Es muy importante que esa limpieza física vaya acompañada de la mental y espiritual. Si ese día no nos encontramos bien porque nos hemos disgustado con alguien, o porque tenemos un problema que nos preocupa, o estamos resfriados o nos duele la cabeza, etc. más vale posponer el ritual y hacerlo otro día; mejor aplazarlo si no estamos al cien por cien a todos los niveles.

En el último lugar estaría el ritual en sí. Si los pasos anteriores se han cumplido de forma adecuada, no tiene que existir ningún problema y todo sucederá con normalidad.

Aunque depende del tipo de ritual, suele ser conveniente tener una mesa que haga las veces de altar, si bien es verdad que hay gente que prefiere utilizar directamente el suelo. No es obligatorio ni mucho menos, simplemente quiero dar una serie de sugerencias, pero que cada cual decida lo que prefiere. Resulta muy positivo tener, independientemente de los materiales que se vayan a utilizar en el ritual, una representación de los cuatro elementos. Las velas pueden representar el elemento Fuego, el incienso el elemento Aire, una copa con agua el elemento Agua y el elemento tierra puede representarse por una planta, un plato con tierra o flores; hay quien otorga el poder de la Tierra a la Sal, yo no estoy de acuerdo con esto, pero a quien le parezca bien, por supuesto, puede utilizarla sin problemas con este fin.

Tal como me han enseñado a mí, así transmito algunos pequeños detalles comunes a todos los rituales. El altar debe estar orientado hacia el este. Las velas siempre las enciendo con cerillas de madera, si hay que apagar una vela, nunca soplarla, se puede utilizar un apagavelas o pellizcar con los dedos humedecidos el cabo, etc. No utilizar la misma cerilla para encender más de dos velas. Cuando se enciendan velas de distintos colores, siempre se debe seguir el orden de encendido según marque el ritual, pero siempre que utilicemos una vela de color blanco junto con otras de distinto color, la blanca será la primera en ser encendida.


Cuando se invoque a entidades espirituales, sea cual sea su jerarquía, para realizar el ritual siempre, al finalizar el mismo, se debe agradecer su asistencia y apoyo, pero sobre todo despedirlas. Y, por supuesto, siempre hay que cerrar un ritual, si por algún imprevisto debemos interrumpirlo a la mitad, unas palabras de cierre que aseguren que el trabajo que estábamos realizando ha quedado completamente sellado; no conviene dejar “puertas” abiertas. No se deben reutilizar elementos de un ritual para otro. No seamos tacaños. No me refiero a comprar una copa nueva para el agua o un cuchillo, en caso de utilizarlo, me refiero a velas, flores, frutas… Son unas sencillas normas que he aprendido y siempre utilizo, por supuesto, no son imprescindibles, solamente las comparto por si a alguien le pudiesen servir. A la hora de la verdad, lo único francamente importante es el ritual en sí.

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