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miércoles, 20 de abril de 2011

TAROT DE OSWALD WIRTH

El intenso siglo XIX se apasionó con el enfoque ocultista del Tarot, de tal manera que surgían de los sitios más insospechados, cientos de estudios sobre la materia, desde todos los ángulos posibles. Convivían felizmente las teorías más delirantes con las más serias. El caso es que da la sensación, visto desde la perspectiva actual, que los ocultistas de entonces no sentían que sus estudios estaban completos si no proponían una o varias teorías sobre el origen y significado último del Tarot.

El suizo Oswald Wirth (1.860 – 1.943) era un masón dedicado en cuerpo y alma al magnetismo, tan de moda en aquella época. Siendo muy joven, entró en contacto con Stanilsas de Guaita, quien le inició en la orden que había creado, la O.C.R.C. (Orden Cabalística de la Rosa Cruz) e inculcó en él la pasión por el Tarot y la Cábala. De esta amistad e intereses comunes nacería un proyecto ambicioso, que sería la creación de una baraja de Tarot que recuperase el espíritu original del mismo (según sus propias creencias, evidentemente).
La base sobre la que se sustentó el proceso creativo de su Tarot, hay que encontrarla en los escritos de Eliphas Lévi. Wirth era un excelente dibujante, así que el peso de la reproducción cayó sobre él; podría decirse que Guaita fue simplemente el promotor, al tiempo que supervisor, de la obra. En un principio, la idea original era diseñar los 22 Arcanos Mayores, para ello, según se nos cuenta en “El Arte del Tarot” (ed. Orbis), los referentes pictóricos fueron una baraja italiana y la de Besançon. La primera edición saldría al mercado el año 1.888.

Wirth hizo en el año 1.926 una revisión de su Tarot, aprovechando la publicación de su libro “El Tarot de los imagineros de la Edad Media”, en la que introduciría el color en las láminas, siguiendo las pautas de sus conocimientos alquímicos y cabalísticos. Sería a mediados del siglo XX cuando algunas empresas dedicadas a la reproducción de naipes, como la U.S. Games, incluyeron los Arcanos Menores.

A lo largo de los años se ha ido reeditando el Tarot Wirth, con la peculiaridad de una tendencia sorprendente a alterar los colores de una forma un tanto anárquica. Lo más llamativo es que precisamente Wirth coloreó sus cartas utilizando colores y tonos muy concretos para incidir en las analogías que él encontraba entre la Alquimia y el Tarot. Pero, lamentablemente eso escapaba ya de sus manos.

En cualquier caso, me gustaría aunque sea sólo de forma superficial, comentar algunos detalles que me parecen sobresalientes. En general, este mazo se basa en las figuras de los Marsella, el nombre de cada figura aparece en francés en la parte inferior, teniendo a un lado el número y al otro una letra hebrea. Los diseños son engañosamente simples, pero la realidad es muy distinta, puesto que cada Arcano posee un gran número de referencias al proceso alquímico.

Podemos encontrar dos niveles de aproximación a esta baraja, uno es el superficial, en el que apreciamos las figuras ya conocidas dotadas del toque personal del autor, pero a un nivel profundo, estamos ante un auténtico compendio de los principios básicos de la Alquimia. Para entender por completo los Arcanos Mayores de Wirth, es recomendable consultar su libro “El simbolismo hermético (y su relación con la Alquimia y la Francmasonería”).

Empezando la secuencia por el Loco, que no lleva ningún número, podría decir que la cara a mí me resulta francamente desagradable, del mismo modo que inquietante el animal que muerde su pierna. Prestando un poco de atención, veremos en el ángulo inferior derecho el animalito que apenas asoma la cabeza, curioso ¿verdad? También es interesante observar la flauta de Pan de la que cuelga su hatillo. Por otro lado tenemos a la Papisa sosteniendo el libro de la sabiduría en cuya portada apreciamos el símbolo del yin-yang y en el trono parece vislumbrarse el dibujo de una esfinge alada.

Especialmente llamativa me resulta la Emperatriz con enormes alas y cuyo pie izquierdo se posa sobre lo que parece una media Luna. En realidad, Wirth establece un paralelismo entre este Arcano y la Reina de los Cielos o la Virgen Alada de la Apocalipsis. La carta del Ermitaño incluye una pequeña serpiente roja que parece acompañar en su camino al personaje. La Rueda de la Fortuna está cargada de simbolismo, sólo hay que observar las figuras que giran y las serpientes al pie de la base.

El Colgado es fascinante, vemos que en los huecos que forman sus brazos, sostiene dos bolsas con monedas (¿Judas?), pero hay que prestar atención, unas son plateadas y otras doradas. La Muerte carece de número, letra y título, pero no es necesario, es demasiado representativa la imagen. En cuanto a la Torre, podemos ver que es una imagen bastante convencional, Wirth la relaciona con el “Igne Natura Renovatur Integra” (La Naturaleza es renovada por el fuego íntegramente) resaltando el significado de cataclismo renovador que tiene este Arcano.

En la Estrella vemos un sorprendente cambio, en vez del pájaro habitual posado en una rama, encontramos una mariposa sobre una flor, es llamativa la simbología oculta de la mariposa, la transformación. Por último me resulta de lo más simpático el león del Arcano del Mundo, da la sensación de que está empujando al buey para poder salir en la foto ¿a que sí?

En líneas generales, puede decirse que esta baraja está llena de simbolismo; no olvidemos que Wirth y Guaita eran estudiosos de la Alquimia, la Cábala,… el Hermetismo en general, además estaban iniciados en Escuelas de Misterios y eso es algo que se nota. En concreto, la pertenencia a la Masonería de Wirth es evidente en toda su obra, tanto en su Tarot como en sus escritos (además el lo remarca de forma clara). Espero que disfrutéis de la vista de estas cartas desde sus dos perspectivas, más abajo encontrareis un par de enlaces para ver las imágenes y otro para ver el libro antes mencionado de Wirth, muy útil para aquellos que quieran profundizar más en la simbología de las cartas, aunque advierto que es un tanto denso.


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