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domingo, 9 de mayo de 2010

AFINIDAD Y RECHAZO POR LOS ARCANOS

Hagamos un pequeño alto en los ejercicios de meditación con los Arcanos, para analizar un tema que, tomado en serio, puede resultar sumamente esclarecedor. A medida que vamos conociendo los distintos Arcanos Mayores, con frecuencia empiezan a surgir fobias y también filias hacia una o más cartas. No me refiero a aquellas cartas que nos gustan o disgustan por su significado. El Sol tiene unos significados, por lo general, estupendos, en cambio la Torre no suele traer buenos augurios.

Así que, hasta cierto punto, es normal que cuando nos aparece el Sol en una tirada, sintamos una absoluta alegría y en cambio, se nos tuerce el gesto si quien nos sale es la Torre. Yo me refiero a algo más profundo y complejo; imaginemos, por ejemplo, que el Sol me desagrada profundamente, sus significados son muy positivos, pero no soporto esa carta. Hay cartas, que independientemente de su significado, nos resultan desagradables, no lo podemos evitar, puede que en una tirada sean muy positivas, pero sentimos un rechazo instintivo que no somos capaces de explicarnos… o tal vez sí.


En el otro extremo, nos encontramos con esa carta que nos resulta especialmente agradable, que nos “cae bien”, no por nada en particular, simplemente porque genera en nosotros un sentimiento de afinidad difícil de explicar. Incluso puede que sus significados no sean muy buenos, pero sentimos un algo especial que no nos provocan las demás cartas.

Es raro, aunque no imposible, claro, encontrar una persona que no ha experimentado sensaciones parecidas. Y, como nada ocurre por casualidad, es bueno hacerse unas cuantas preguntas al respecto: ¿Por qué? ¿Qué tiene esta carta que no tengan las demás? ¿Por qué esta y no otra? ¿Siempre me gustó/disgustó esta carta, o es un fenómeno reciente?... Estas y otras muchas cuestiones similares nos pueden aclarar mucho, no tanto sobre el Tarot, que también, sino sobre nosotros mismos.

Cuando una carta nos hace sentir algo, sea positivo o negativo, es que está removiendo algo en nuestro interior, así de simple. El rechazo a un arcano puede indicarnos que tenemos un miedo, un bloqueo. Tal vez algo que no acabamos de aceptar en nuestra vida o en nuestra personalidad. Retos que no sabemos como afrontar, pero que hemos de superar. O puede que sea justo lo contrario, nos indica que sufrimos una carencia. Las imágenes de ese arcano en concreto, conectan directamente con esas emociones que tenemos perfectamente escondidas y guardaditas en el subconsciente, pero que, al contemplar la iconografía simbólica del arcano, se sacuden y desperezan.

Busquemos ejemplos: Imaginemos que siento rechazo hacia el Ermitaño. Sus significados no son malos, pero cada vez que sale en una tirada me pone nerviosa, me inquieta. Es una carta que me resulta lúgubre, deprimente. Esa figura solitaria me produce desasosiego, intranquilidad; el fondo oscuro del decorado me parece claustrofóbico, puede que incluso tétrico. Curiosamente, siempre que hago una tirada para mí, más tarde o más pronto, acaba apareciendo el Ermitaño, así que me cae aún peor si cabe, porque siento que me acosa. ¡Pobre Ermitaño! Él no me ha hecho nada, pero no lo puedo soportar. La simple visión de este arcano me pone de mal humor.

Bien, ya tenemos localizada nuestra fobia. Es evidente que esta carta nos quiere decir algo. El Tarot es muy amable, siempre está dispuesto a ayudarnos, otra cosa es que nos dejemos ayudar. Jamás nos va a obligar a aceptar su ayuda, solo nos propone y nosotros decimos: sí o no. La insistencia del Tarot, cuado la carta objeto de nestro rechazo sale con demasiada frecuencia para nuestro gusto, es una llamada de atención;nos está diciendo: ¡Cuidado con lo que te dice esta carta! En este caso concreto el Tarot me ofrece la oportunidad de revisar mi interior y ver qué es lo que no marcha bien. El Ermitaño personifica una serie de cosas, mi labor será averiguar cuáles son las que me producen malestar.

El Ermitaño representa la soledad, no tanto la impuesta sino la buscada, Quizás deba preguntarme si es que me asusta la soledad, tal vez sea que no me encuentro a gusto conmigo misma, ¿prefiero el ruido externo para acallar la voz interna? Puede que tenga miedo a enfrentarme a lo que soy, a lo que pienso, a lo que siento. ¿Es el Ermitaño un espejo que me devuelve mi verdadera imagen, lejos de la que me he creado de cara al exterior?

Cuando una carta nos provoca desagrado, quiere decir que nos muestra algo en nosotros que no queremos admitir, o bien nos enfrenta con un miedo que está hondamente arraigado, y lo suficientemente escondido como para que nos creamos a salvo de él. La contemplación de la carta, de su carga simbólica, remueve lo que está dormido, latente en nuestro interior. Por eso, muchas personas que empiezan a trabajar con el Tarot con un enfoque más espiritual, abandonan pronto disgustadas. Por que la meditación con los arcanos saca a la superficie cosas que no queremos admitir, que resultan incomodas y desagradables.

Pero, el hecho de que no nos gusten, no quiere decir que no estén ahí. Por eso es importante que, ante el menor indicio de malestar ante una carta, nos pongamos en acción y estudiemos detenidamente ese conflicto. Los pasos a seguir son muy simples y lógicos. He puesto de ejemplo al Ermitaño, así que voy a seguir con él.

Lo primero es entender lo que la carta nos dice. Como mi rechazo es hacia el Ermitaño, intentaré averiguar todo lo que pueda sobre él; no me refiero sólo a significados adivinatorios, me interesa más a nivel simbólico. Indagaré en el arquetipo que representa para entender a la perfección lo que este arcano me dice en todos los planos. Es inútil tratar de entender lo que este arcano me está diciendo a mí en concreto, si no conozco a fondo lo que quiere decir a nivel general.

Una vez que he hecho esa primera averiguación, ya puedo delimitar lo que el Ermitaño intenta decirme. Sabemos que el Ermitaño tiene varios significados, ya lo hemos visto en el apartado correspondiente, pero para centrar el ejemplo, tomaré en concreto el que he mencionado más arriba: la soledad, o mejor dicho, el rechazo a la soledad. Por supuesto, para llegar a este punto, se precisa un ejercicio de introspección pero, por encima de todo, de sinceridad. Si he detectado un problema y quiero solucionarlo, no me sirve de nada mentirme a mí misma.

Una vez localizado el problema y, sobre todo, reconocido y aceptado, llega un paso muy interesante, que consiste en analizarlo. Necesito saber si es algo puntual o me acompaña desde hace mucho tiempo, si es algo de lo que yo era consciente anteriormente o para mí ha constituido una sorpresa su descubrimiento. Tal vez alguien se sorprenda al leer esto último y piense que es imposible no darse cuenta. Nada más lejos de la realidad; del mismo modo que el que ronca o tiene un tic nervioso, es el único que no es consciente de tal hecho, en cuestión de defectos, fobias o manías, es muy frecuente que el interesado no sea capaz de verlos, y cuando los que le rodean se lo comentan, se revuelve muy ofendido y a la defensiva.

Así que, si queremos eliminar ese miedo o suplir esa carencia, estudiemos sus efectos en nosotros, de dónde creemos que puede venir. No es lo mismo que estemos pasando una mala racha, algo temporal y cíclico, que tengamos un miedo profundamente arraigado que nos paraliza y no nos permite desarrollarnos de acuerdo con nuestras expectativas. Sólo analizando a fondo la situación, podremos empezar a pensar en términos de soluciones, puesto que de eso se trata.

Así que el siguiente paso en la secuencia lógica será resolver el problema. A nadie más que a mí concierne la solución de mis conflictos internos, puede que los que me rodean sean víctimas colaterales de los derivaciones que en mí producen estos defectos (serán víctimas de mi mal humor, de mi frustración, de mis deseos de manipular…). Pero sólo yo puedo poner solución, así que yo debo decidir que tipo de tratamiento será el preciso. Puede que no necesite más que centrarme y prestar un poco de atención a determinadas cuestiones de mi vida que quizás estaban un poco abandonadas. Tal vez deba reforzar mis carencias con un poco de voluntad, puede que la meditación, el control mental o cualquier disciplina sean suficientes. Si el problema es más profundo y complicado, puede que sea el momento para pedir ayuda especializada. Nadie mejor que uno mismo para saber lo que necesita.

Aquí llegamos a uno de los momentos más importantes de este trabajo. Ir a la raíz del problema, no a la manifestación que tiene como consecuencia el problema. Este es un punto vital, puesto que muchas veces confundimos los términos. Tomemos como ejemplo el tabaco. Si yo fumo, no debo atacar la adicción al tabaco sin más, lo primero será conocer las razones que me llevan a fumar, es decir el porqué de mi necesidad de fumar. Puede que fume porque me siento relajada, o porque me da una sensación (falsa) de seguridad en mí misma. Así que si yo erradico el tabaco, pero no ataco el problema subyacente, pongamos que es la inseguridad, encontraré otra forma de conseguir esa supuesta seguridad, tal vez lo consiga supliendo el tabaco por la comida (algo que suele suceder con mucha frecuencia).


Esto quiere decir que no habré atacado la raíz del problema, sino solo su manifestación, por lo tanto el problema sigue ahí, entonces no debo atacar al tabaco en sí, sino a ese defecto que me impide dejar de fumar. Si trabajo para acrecentar la autoestima, el tabaco no será tan necesario en mi vida y no me costará tanto trabajo dejar esa adicción y, además, no buscaré otro sustituto al tabaco. Por eso es fundamental detectar el problema raíz, no el efecto secundario.

No hace falta llevar mucho tiempo estudiando Tarot, para darse cuenta de la antipatía o la simpatía que sentimos por algunas cartas, empecemos a analizar cuáles son y por qué sentimos eso. En sucesivas entradas iremos viendo como podemos trabajar sobre aquellas cosas que esas cartas en concreto nos están sugiriendo. Y, por favor, nadie tiene por qué enterarse, así que seamos sinceros con nosotros mismos.

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