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jueves, 26 de agosto de 2010

¿QUÉ MENSAJE TIENES HOY PARA MÍ? I

Un tipo de meditación sencilla y directa consiste en que sea el Tarot el que decida sobre qué debo meditar. Normalmente los trabajos meditativos con el Tarot, funcionan programando actividades con cartas seleccionadas de antemano. Sabemos que, por ejemplo hoy nos toca meditar con el Carro y que vamos a introducirnos en su carta para charlar con él; aunque los resultados son imprevisibles, la mecánica esta previamente establecida y seguimos un patrón determinado.

Lo que propongo hoy es dejar que sea el Tarot el que nos guíe. Se trataría de escoger una carta sin intervenir directamente en dicha elección. Después, aquel Arcano será sobre el que debamos trabajar. Esta tirada debe hacerse cuando ya se conoce el significado de los Arcanos. Hay ejercicios meditativos que ayudan a conocer mejor las cartas y que son muy útiles cuando se está aprendiendo (bueno, son recomendables siempre, pero especialmente al iniciarse en el Tarot). Luego existen otro tipo de ejercicios que resultan más apropiados para aquellas personas que tienen asentadas las bases del Tarot.

En el caso concreto de este ejercicio, podemos hacerlo sea cual sea nuestro nivel de conocimientos del Tarot, pero aquellas personas que conozcan por lo menos sus significados básicos, serán quienes saquen más provecho de la experiencia. Como siempre digo: en el Tarot paso a paso, sin prisa. Cada peldaño que se sube hay que saborearlo con plena consciencia, si nos saltamos un escalón, esa carencia se notará y la arrastraremos siempre. No hay motivos para apresurarse, no estamos inmersos en una competición en la que hay que batir ningún record de rapidez en el aprendizaje.

Se que es muy difícil desprenderse del ritmo que impone el mundo físico, en el que toda la gente quiere resultados instantáneos, el Tarot es un trabajo para toda la vida, mejor dicho, para muchas vidas. Así que nada de querer llegar antes que el otro a ninguna parte; para las cosas del espíritu no existen las dimensiones habituales, el tiempo es válido únicamente para el mundo físico, en el espiritual carece de valor. Esto que digo va especialmente dedicado a todas aquellas personas que se desesperan porque no ven resultados tangibles y rotundos a los pocos días de empezar un ejercicio o, incluso, el primer día que lo hacen; estas cosas no funcionan así y, además, en cada persona el ritmo es distinto, depende de muchos factores. Paciencia y constancia son las claves principales en el estudio del Tarot (y en cualquier disciplina ocultista).

Veamos cómo se realiza el ejercicio que propongo hoy. Los preliminares ya los conocemos. Ambiente agradable y adecuado a los trabajos que vamos a llevar a cabo. Colocamos ante nosotros el mazo completo o sólo los Arcanos Mayores, si es que se opta por utilizar sólo estas cartas. Las cartas boca abajo, es preferible formar un amplio abanico con ellas ante nosotros. Una vez dispuestas las cartas convenientemente, comenzaremos a realizar aquellos ejercicios que hagamos habitualmente con el objeto de relajarnos física y mentalmente.

Cuando sintamos que estamos en un estado óptimo para el trabajo, pediremos mentalmente a aquella entidad (o entidades) de nuestra preferencia, para que nos inspiren en el ejercicio que vamos a realizar. Pediremos que por medio del Tarot nos digan aquellas cosas que necesitamos saber hoy. Vamos a utilizar el Tarot en este ejercicio como una especie de canal de comunicación con las entidades que nos guían o con aquellos seres que nos motivan especialmente.

Aquí he de hacer un inciso, puesto que las creencias son múltiples, aunque el proceso es el mismo. Si tú crees que tienes un guía espiritual o un Ángel Custodio, o un familiar desencarnado que te acompaña, es a él a quien debes pedir inspiración. Si no, un ser de luz sin especificar, o tu santo favorito, un maestro ascendido por el que sientas especial predilección, un ser de otro planeta o aquella entidad que entiendas que te dio la vida, llámese Dios, Energía Cósmica o como sea que tú prefieras. Lo importante es que sea una entidad en la que creas (esto es vital) y sientas cercana a ti. Si no crees en nada, es difícil que puedas hacer este ejercicio… y prácticamente ninguno; tratar de ejercitarse en el mundo espiritual creyendo que este no existe es algo francamente sorprendente y complicado.

Volvemos al ejercicio. Ya hemos pedido a ese ser elegido por ti que te inspire, siempre es mejor utilizar las palabras que surjan espontáneamente del corazón, puesto que son las más sinceras y sentidas, y por lo tanto llegan mejor a la esfera del espíritu. Un ejemplo podría ser:
“Estimado…… (Nombre de la entidad), te pido que me ilumines y protejas en este ejercicio que voy a realizar. También te pido que, si tienes algo que comunicarme, sea del carácter que sea, guíes mi mano hacia la carta que tú consideres que me inspirará el mensaje que quieras que yo reciba. Agradezco sinceramente tu atención y toda la guía que quieras prestarme”.

No hace falta extenderse en un discurso grandilocuente de media hora de duración, unas palabras breves y cargadas de sinceridad son mucho más efectivas. Sobre todo nunca hemos de olvidar agradecer de antemano la asistencia que se nos va a dar. Si luego no sucede nada significativo, no importa; no siempre que se solicita una comunicación esta se produce; tal vez en ese momento no hay nada relevante que tengamos que saber. Los seres de luz no pierden el tiempo en tonterías, si no tienen nada que decirnos, no nos lo dicen. Eso es todo.

Tras decir la frase adecuada, extenderemos una mano sobre el abanico de cartas, como mínimo a unos veinte centímetros de altura, e iremos recorriendo el montón lentamente, sin prisa. Conviene tener los ojos cerrados para que nada nos distraiga, se corre si no el peligro de que una carta sobresalga un poco más de la cuenta y nos llame excesivamente la atención. Procuremos no pensar en nada en concreto, procuremos no pensar en problemas que tengamos a día de hoy, ni en ideas preconcebidas sobre lo que debería o no debería pasar, simplemente concentrémonos en pasar la mano sobre las cartas y en sentir.

Llegará un momento en el que sentiremos un leve ardor en la mano, como si en un sitio concreto la temperatura aumentase. Esa es la carta, es el momento de abrir los ojos y dar la vuelta a la carta que ha desprendido ese calor especial. No confundir con el lógico hormigueo que recorre la palma de la mano cuando la tienes durante unos minutos en vilo. A veces el calor llega de forma rápida, al primer recorrido sobre las cartas, pero no suele ser lo normal, hay que esperar por regla general unos minutos y, en ocasiones, no se logra sentir nada.

Si se ve que pasado un tiempo no se obtienen resultados es mejor dejarlo, quiere decir que hoy no habrá comunicación. No se debe interpretar como un fracaso, esas cosas pasan. Pero si hemos sentido el calor y detectado que carta es la que lo desprende, sigamos adelante. Es el momento de voltear la carta y ver qué Arcano nos ha “llamado”. No se trata de analizar la carta, simplemente hay que sentirla, dejar que nos sugiera su mensaje. A veces resulta difícil no tratar de encuadrar la carta dentro de los asuntos cotidianos que tenemos pendientes, por eso puede servirnos de ayuda recitar algún tipo de frase o Mantram que nos pueda liberar la mente en ese aspecto.

Se puede decir, por ejemplo: “¿Qué tienes que decirme, Arcano, cuál es tu mensaje?” repitiéndolo varias veces. Lo principal es permitir que las ideas surjan del subconsciente y para que esto ocurra, no nos queda más remedio que arrinconar al consciente de la manera que sea, puesto que su interferencia adulteraría el mensaje. Dejemos que llegue lo que tenga que llegar, sea una idea o un símbolo que se nos ocurre de improviso, tal vez nos encontramos pensando en esta persona o en aquella situación, no se puede prever de antemano lo que sucederá.

En caso de recibir algún tipo de mensaje, podemos permanecer durante el tiempo que consideremos oportuno contemplando la imagen del Arcano, a la vez que nos repetimos interiormente el mensaje recibido, ¡ojo! He dicho repetir el mensaje, no empezar a diseccionarlo y analizarlo. Si nos ha surgido la imagen de una flor blanca, nos recrearemos en ver con los ojos de la mente la flor, no intentemos analizar si el blanco significa pureza, etc. Es sólo recrearse en el mensaje. Si el mensaje consta de una frase, nos recrearemos en la frase en sí, no en su significado.

Cuando consideremos que se puede dar por finalizado el ejercicio, daremos las gracias al Arcano del día por habernos proporcionado la información (si no ha sido así, agradeceremos su atención de igual forma) y cerraremos los ojos de nuevo. Si se quiere volver a agradecer a la entidad a la que nos encomendamos al principio para el trabajo, no está de más hacerlo, aunque no es completamente necesario puesto que agradecimos por adelantado el resultado, pero está bien volver a hacerlo. Después, de forma muy lenta, iremos saliendo poco a poco del estado meditativo. Una vez terminado el ejercicio es cuando llega el momento de la racionalización del mensaje. Ahora es cuando debemos pensar qué nos han querido decir y de qué manera nos podemos servir de la información recibida para avanzar en nuestro camino.

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